Estudios anteriores habían demostrado que el resveratrol, junto con otros polifenoles, podían unirse a las membranas de las células, así como que producen un efecto positivo en los niveles de colesterol. No obstante, no se había descubierto una unión entre estos 2 conceptos.  

La proteína ABCG1 se encuentra en las membranas celulares de manera natural, por lo que, la unión de resveratrol en ellas modifica su ambiente y su actividad, lo que potencia los efectos positivos del transporte reverso del colesterol de las células al hígado para su posterior expulsión.

ABCG1 es una proteína clave en el transporte del colesterol celular a las lipoproteínas de alta densidad (HDL), en un proceso conocido como el transporte reverso del colesterol. En este mecanismo, el colesterol sobrante es transportado desde las células a las HDL, gracias a ABCA1 y ABCG1.

A su vez, las lipoproteínas transportan este colesterol hacia las células hepáticas con el objetivo de que la bilis lo elimine. En situaciones saludables, existe un equilibrio entre el colesterol que entra en el cuerpo, o que el mismo organismo produce, y el colesterol que se elimina.

En los casos en los que se produzca un desajuste, sería útil un tratamiento que produzca un aumento de la actividad de transporte de ABCA1 y/o de ABCG1, como los provocados por la ingesta del resveratrol presente en los hollejos de la uva.

Muchos de los hollejos son desechados en la industria alimentaria como, por ejemplo, en la producción de vino. Por este motivo, los investigadores consideran que las bodegas podrían realizar estrategias que permitan aprovechar los desperdicios orgánicos y que, al mismo tiempo, potencien la economía regional a través de convenios con la industria vitivinícola.