Según los autores, practicar fútbol americano se ha asociado con el desarrollo de hipertensión e hipertrofia del ventrículo izquierdo. “Hasta qué punto estos procesos afectan la función del ventrículo izquierdo es desconocido”, apuntan los investigadores, que han llevado a cabo un estudio longitudinal prospectivo entre jugadores de la National Collegiate Athletic Association Division.

Se realizó una ecocardiografía transtorácida antes y después de un partido de competición. La función sistólica del ventrículo izquierdo se midió usando parámetros complementarios de tensión longitudinal global y fracción de eyección. Esta no fue significativamente afectada por la práctica deportiva. Sin embargo, el fútbol se asoció con incrementos específicos de la tensión sanguínea.

De acuerdo con los resultados, jugar en la línea puede causar una remodelación miocárdica “patológica, en lugar de adaptativa”. “Se necesitarían más estudios para determinar si los esfuerzos dirigidos a controlar la presión sanguínea, minimizar el aumento de peso e incluir un elemento de acondicionamiento aeróbico en estos deportistas puede atenuar el proceso”, concluyen.