Para llegar a esta conclusión, los autores han investigado, a lo largo de 10 años, los casos de más de 24.000 pacientes procedentes de 13 países distintos, si bien un 80% era originario de Estados Unidos. Todos los sujetos de investigación tenían historiales probados de eventos cardiovasculares, incluyendo infarto de miocardio, ictus o revascularización coronaria.

El 90% de estos voluntarios tenía osteoartritis (OA) y una edad media de 64 años, mientras un 10% sufría artritis reumatoide (AR) y su media de edad era de 61 años. En el grupo de OA, el 63% eran mujeres, mientras en el grupo de AR sumaban el 73% del total, tal como recoge el paper publicado en The New England Journal of Medicine.

Tras ser divididos de forma aleatoria en 3 grupos se les instruyó para consumir de 100 a 200 mg de celecoxib, 2 veces al día; de 600 a 800 mg de ibuprofeno, 3 veces al día; o entre 375 y 500 mg de naproxeno, 2 veces al día. Además, se les facilitó aspirina y una dosis al día de entre 20 y 40 mg de esomeprazol.

Durante los 6 primeros meses de seguimiento, la adhesión al tratamiento se contabilizó en un 80%, si bien la media de aceptación llegó a los 18 meses. A lo largo del proceso, los investigadores analizaron las causas de mortalidad en ambos grupos y registraron eventos adversos de tipo renal, cardiovascular o gastrointestinal en 134 pacientes que tomaban celecoxib, 144 en el grupo de naproxeno y 155 pacientes en el grupo de ibuprofeno.

“El riesgo de eventos gastrointestinales fue significativamente menor con celecoxib que con naproxeno o ibuprofeno", resumen los autores. Por otro lado, "el riesgo de eventos renales fue significativamente menor con celecoxib que con ibuprofeno, pero no fue significativamente inferior con celecoxib que con el naproxeno”, añaden.

“Existe un debate en curso sobre los riesgos y beneficios del uso de fármacos AINE en pacientes con AR y OA”, admite el jefe del Reumatología y Farmacoepidemiología del Brigham Women’s Hospital, Daniel Solomon, sin embrago, “varios estudios ya han demostrado resultados cardiovasculares adversos que dieron lugar a la retirada de los selectivos de la COX-2 en 2004 por parte de la Food and Drug Administration (FDA)”, recuerda.

Este estudio “proporciona nueva información tanto para los pacientes como para sus especialistas y nos enseña que existen muchísimos matices respecto a la seguridad de estos fármacos”, añade Solomon. En definitiva, “es necesario ofrecer un enfoque más individualizado a los pacientes reumatológicos que consuman AINE de forma crónica”, concluye la directora del Cleveland Clinic Orthopedic and Rheumatologic Institute.