Los cigarrillos sin combustión podrían ser tan perjudiciales como los tradicionales, según sugiere un estudio realizado en ratones en el que se observó que ambos tipos de cigarros provocaban el mismo deterioro de los vasos sanguíneos. Matthew Springer, investigador principal del estudio y profesor de Cardiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Francisco, informa que un deterioro de esas características aumenta el riesgo de infarto, ictus y endurecimiento arterial.

“Me sorprendería que esos productos fueran igual de nocivos que los cigarrillos en todos los aspectos, pero menos nocivo no equivale a inocuo”, señala Springer. En este contexto, los autores recuerdan que el tabacalero Philip Morris pretende la aprobación por parte de la FDA de uno de esos productos alternativos para fumar, llamado iQOS, cuyos desarrolladores aseguran que son más seguros que los cigarrillos tradicionales. 

Los cigarrillos sin combustión están compuestos de tabaco, de la misma manera que los tradicionales. Sin embargo, a diferencia de los antiguos que arden a 600º C, los iQOS calientan el tabaco a una temperatura mucho más baja (350º C), lo que libera un aerosol de nicotina sin provocar una combustión real. Para conocer el impacto en los vasos sanguíneos, los autores expusieron a un grupo de ratones a ambos tipos de productos.

“El deterioro de la función de los vasos sanguíneos significa que los vasos sanguíneos no poseen su capacidad natural de expandirse y contraerse”, afirma Nieca Goldberg, cardióloga y autora del estudio. Los investigadores se sorprendieron al observar que la exposición a cigarrillos sin combustión provocaba el mismo deterioro que la exposición al humo de tabaco tradicional.

Así, observaron que 10 exposiciones de 15 segundos a lo largo de 5 minutos de vapor redujeron la función de los vasos sanguíneos en un 58%, en comparación con un 57% del humo de cigarrillo. Por otra parte, 10 exposiciones de 5 segundos a lo largo de 5 minutos de cigarrillos sin combustión redujeron la función de los vasos sanguíneos en un 60%, frente a un 62% del humo de cigarrillo. La circulación sanguínea de las ratas y de los humanos reaccionan de manera muy similar al humo del tabaco, por lo que podría extrapolarse a personas, sugieren los autores.