A los 6 meses de la intervención, el injerto criopreservado se mantenía correctamente en un 86% de los casos, mientras que a los 12 meses la cifra se situaba en un 76% de los pacientes, tal y como asegura Andrés García León, coordinador responsable de la unidad.

El estudio relaciona los posibles beneficios del uso de estos injertos artificiales en aquellos pacientes que presentan pocas opciones terapéuticas tras otras revascularizaciones previas. En la investigación, no se observaron participantes que tuvieran venas disponibles aprovechables para el tratamiento, mientras que el 82% de los analizados ya habían sido intervenidos en una revascularización anterior.

La supervivencia tras la intervención se situó en el 100% durante el año siguiente a la intervención, mientras que a los tres años se mantenía en el 85%. El estudio ha sido presentado en el 62º Congreso de la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular, en Barcelona.