Los coágulos, formados como consecuencia de una lesión de un vaso sanguíneo, se producen como mecanismo para evitar la pérdida de sangre. Sin embargo, algo que en su origen tiene una función protectora, puede suponer un riesgo para la salud cuando el coágulo adquiere grandes dimensiones, provocando problemas como embolias o infartos de miocardio.

Una vez determinada la existencia de un coágulo mediante ecografía o angiografía, el médico realiza un tratamiento mediante trombolisis. Sin embargo, este tratamiento puede ocasionar complicaciones y efectos secundarios. Se estima que, entre el 3 y el 14% de los pacientes tratados con trombolisis, mueren durante su estancia en el hospital.

Las sustancias trombolíticas utilizadas durante el procedimiento deben ser muy potentes para lograr disolver los coágulos de sangre, con los riesgos de hemorragia corporal asociadas. Por este motivo, utilizar un tratamiento menos agresivo, pero más dirigido al coágulo, puede ser una solución.

El nuevo fármaco desarrollado se dirige al coágulo de forma directa mediante el control de un campo magnético formado por magnetita porosa. Este mineral combina dos óxidos de hierro, y de moléculas de uroquinasa, una enzima utilizada con frecuencia como agente trombolítico.

Este medicamento se podría emplear para crear un recubrimiento trombolítico hecho de nanopartículas, que podría ser fácilmente localizados cerca del coágulo mediante un campo magnético externo. Además, el compuesto podría administrarse de forma intravenosa. El equipo iniciará los primeros ensayos preclínicos para poner en marcha la investigación.