La microscopía óptica evoluciona rápidamente para comprender los sistemas in vivo en los que se requiere alta resolución, según recuerdan los especialistas. Esta técnica es especialmente importante para la investigación cardiovascular, en la que muchos estudios clínicos utilizan técnicas de ultrasonido que tienen una resolución más baja y proporcionan información limitada.

Actualmente, se desconoce el flujo sanguíneo de la microvasculatura debido a las limitaciones de las técnicas existentes para observar lo que sucede en espacios con dimensiones micrométricas, como los capilares. El diseño de métodos que monitoricen el flujo supone un desafío debido a que los altos niveles de proteína en plasma y las altas concentraciones de glóbulos rojos resultan perjudiciales para la obtención de imágenes.

Las técnicas convencionales se basan en la tinción de glóbulos rojos a través de tintes orgánicos de corta duración debido al fotoblanqueo. El tamaño relativamente grande de los glóbulos rojos (7-8 micrómetros) limita la obtención de imágenes y el análisis de la dinámica de flujo de los vasos más pequeños que tienen un ancho similar. Sin embargo, el método con nanopartículas de oro recubiertas de iridio permitirá obtener métodos luminiscentes de obtención de imágenes.

“La clave de las nanopartículas de oro recubiertas de iridio radica tanto en su pequeño tamaño como en sus propiedades luminiscentes. El iridio emite una señal luminiscente en el espectro visible, lo que permite que pueda ser detectada en la sangre. También proporciona una larga duración en comparación con fluoróforos orgánicos, motivo por el que las diminutas partículas de oro son ideales para el seguimiento del flujo y para ser detectadas claramente en los tejidos”, señala Zoe Pikramenou, autor del estudio.