Los huérfanos y niños con VIH de las regiones menos industrializados del oeste de China reciben 400 yuanes al mes, mientras que los de las regiones centrales y orientales reciben 300 y 200 yuanes respectivamente. En el país asiático viven más de 500.000 huérfanos y niños portadores de esta enfermedad, que experimentan un alto rechazo social.

La discriminación basada en el VIH es ilegal en China, pero es generalizada, especialmente en zonas rurales. Según una estimación llevada a cabo en 2013, aproximadamente hay 810.000 personas con VIH. Un informe de 2009 de ONUSIDA encontró que el 42% de estos enfermos experimentan una discriminación total.

En parte, según reportajes de los años 90, durante esta década en China se comercializó masivamente con sangre, ya que las personas que donaban recibían una recompensa económica. Los habitantes de las zonas rurales fueron los más interesados y donaron grandes cantidades de sangre, muchos de ellos, sin saber, ayudaron así a propagar el VIH.

Aunque las propias víctimas de las transfusiones con sangre infectada comenzaron a denunciar lo sucedido a finales de los 90, el gobierno no tomó medidas hasta el año 2001. Para para entonces, la enfermedad se había propagado casi como una plaga, afectando a zonas enteras del país e infectando entre 30.000 y 50.000 personas.