Hasta ahora se pensaba que la red trófica se aletargaba por la noche, pero la bioluminiscencia a ciertas profundidades da nuevos datos. A partir de 30 metros de profundidad, la luz es imprescindible para algunos microorganismos como las algas unicelulares, los crustáceos diminutos o el krill.

Según Jonathan Cohen, uno de los autores del estudio publicado en la revista Scientific Reports, cuando la profundidad aumenta, la bioluminiscencia en el agua se incrementa y se altera la composición de la comunidad de zooplancton. A esta profundidad, se ve que ciertos organismos, como las algas unicelulares o el krill, aportan una luz bioluminiscente más intensa.

El descubrimiento es importante para entender cómo los cambios en el zooplancton pueden afectar a los peces comerciales del tipo del bacalao o el arenque. Además, la bioluminiscencia podría indicar el camino hacia la comida de muchos depredadores como las aves que vive en las islas noruegas.

“El cielo se vuelve más claro a mediodía durante el periodo de noche polar, y hay más luz atmosférica disponible bajo el agua para la predación, así que muchos organismos marinos como los copépodos se retiran hacia las profundidades para evitar el peligro”, declaró Cohen.

La identificación de organismos, así como la cuantificación de la luz fue posible gracias a un sistema que detectaba la luz procedente de la atmósfera y del interior del agua con los organismos bioluminiscentes. Todos estos procesos pueden verse alterados por el deshielo y el cambio climático, según aseguran los científicos, que son responsables de la oscuridad del agua.