La directora del programa MIT Spain, Mercedes Balcells-Camps, considera que la enfermedad y el cuerpo humano son tan complejos que “necesitan de muchas cabezas pensantes”. Esta química dedicada, fundamentalmente, a la ingeniería de tejidos, asegura que su relación con los médicos “es muy buena”. En una entrevista concedida a MedLab Media Group, Mercedes Balcells-Camps explica que “no te planteas si es buena o es mala porque esta relación debe ser. Mi experiencia ha sido siempre super positiva”, añade.

En su opinión, “la relación con los médicos es muy buena, porque es necesaria. El médico quiere curar, por lo que compartimos misión. Queremos ganarle la batalla a la enfermedad. La enfermedad y el cuerpo humano son muy complejos y necesitan muchas cabezas pensantes”.  

Balcells-Camps se siente una afortunada por tener una doble afiliación. Por un lado, explica, es profesora titular en el Instituto Químico de Sarrià (IQS) de Barcelona, y al mismo tiempo, es investigadora principal del MIT (Massachusetts Institute of Technology). Lleva 2 décadas compaginando su labor en ambos centros y asegura que “tener esta posición, con un pie a un lado y otro del atlántico, me permite ver diferencias y similitudes”.

“Talento hay en todas partes”

La directora del programa MIT Spain afirma que prefiere comenzar por las similitudes y entre ellas destaca una: el talento lo hay en todas partes. La química asegura entrar al laboratorio del IQS y al del MIT y sentir que todo es idéntico: “los mismos equipos, aparatos y las poyatas. En ocasiones, incluso, estamos mucho mejor equipados aquí en España”, puntualiza.

Preguntada por las diferencias entre Estados Unidos y España en materia de investigación biomédica, Mercedes Balcells-Camps parte de que, teniendo personas válidas en todas partes, el terreno puede ser más fértil o menos. “La diferencia abismal se encuentra en cómo pedimos los proyectos”, reconoce. En el caso de Estados Unidos, al solicitar un proyecto este incluye todo: personal, fungible, equipos y costes indirectos. Sin embargo, en España, está todo fraccionado.

“Pido un proyecto al plan nacional y es posible que me den fungibles, pero no equipos grandes porque para eso hay otra convocatoria. Está muy fraccionado y encima en un orden de magnitud 10 veces inferior de lo que sería allí. No es lo mismo, porque a igualdad de talento, a uno le das 10 veces más que a otro”, explica la investigadora.  

La velocidad marca la diferencia

Otra de los aspectos que marcan la diferencia según la directora del programa MIT Spain es la velocidad a la hora de hacer las cosas. Como ejemplo, Balcells-Camps ha destacado la adquisición de un reactivo. “En el MIT me llega el día siguiente, mientras que, en España, pides algo y a veces tarda un mes en llegar. Esta es la mayor diferencia”, señala.

La agilidad de la que disponen en el MIT y la flexibilidad le permite acudir a su laboratorio cualquier día del año y a cualquier hora. “Esto hace que lleguemos más rápido a los sitios”. En España, por ejemplo, deben pedir un permiso especial para venir un sábado, domingo o festivo. “Si tengo que tomar muestras o alimentar a las células cada 2 días, necesito ir los sábados”, asegura. “Si el calendario de la ciencia tiene que seguir el calendario festivo de todos los países, se acaba la ciencia”, lamenta.

Esta investigadora reconoce que es un todo un orgullo haber contribuido a establecer una relación de colaboración entre el MIT y España. Precisamente esta labor le fue reconocida con la Cruz de la Orden del Mérito Civil. “Me tocó hacer un plan de negocio y sacar adelante la financiación necesaria para satisfacer esas necesidades”. Fruto de ello se creó, hace 10 años, MIT Spain. A partir de este canal, se ha producido un intercambio bidireccional entre investigadores de ambos países.

Su pasión por la Medicina y la salud empezó desde pequeña. “Hasta el día en el que tuve que hacer la Selectividad no sabía si estudiar Medicina, Biología o Química. Supongo que me levanté del pie de la Química, pero siempre tuve claro que me apasionaba poder solucionar problemas médicos que hasta entonces no la tenían”, detalla.  

“Los tejidos implantables no son ciencia ficción”

“Cuando le dije a mi abuela que me iba a dedicar a la ingeniería de tejidos, me dijo: ay, nieta, que la industria textil en Cataluña está muy mal”, recuerda Mercedes Balcells-Camps. Tal y como explica, la ingeniería de tejidos consiste en usar materiales biodegradables, células del cuerpo que podemos aislar y cultivar in vitro y estímulos mecánicos para crear sustitutos biológicos.

Según detalla esta experta, mediante ingeniería de tejidos podemos crear una arteria que sustituya a la nuestra si está dañada. Esta arteria sustituta tiene unas células que facilitan que la sangre no coagule y que la propia arteria pueda dilatarse y contraerse con el paso de la sangre. Esas células se enganchan en un material que denominan matriz extracelular, una especie de andamiaje de seguridad que desaparece sin dejar rastro una vez que las células han cumplido su función.

La ingeniería de tejidos puede aplicarse en todos los ámbitos de la Medicina, asegura la directora del programa MIT Spain. Aunque en la actualidad estos tejidos aun no son implantables, se usan para testar fármacos o predecir qué ocurre cuando un tejido sano enferma. “Estos modelos nos permiten simular determinadas condiciones y observar que ocurre en esas células”, afirma. En su opinión, los tejidos implantables “no son ciencia ficción.  Los veremos, soy optimista, pero no es algo que vaya a ocurrir mañana. Lo veo a medio plazo”, concluye.