Félix Zamora y Gonzalo Abellán han capitaneado este proyecto, que se ha publicado en la revista Angewandte Chemie International Edition, y supone un paso muy importante para investigar si las expectativas que ha generado este material en la comunidad científica tienen aplicación en la vida real.

El antimoneo es un material biodimensional formado solo por átomos de antimonio. Sus propiedades se predijeron en teoría y se demostró que tenía una brecha energética que lo hacían ideal para muchas aplicaciones, según publican desde la Comunidad de Madrid. 

En la actualidad, los materiales biodimesionales son uno de los campos más activos de la ciencia. Aparte del grafeno, el fósforo negro, material laminante de un solo átomo de espesor, se alza como una de las alternativas más destacadas. Estos materiales cuentan con unas propiedades excepcionales al comportarse como semiconductores, y se pueden aplicar en electrónica y optoelectrónica.

Un inconveniente del fósforo negro es que es demasiado inestable en presencia de agua y oxígeno, lo que limita sus aplicaciones. Encontrar un material bidimensional semiconductor y estable ante las condiciones atmosféricas es uno de los retos de la ciencia a día de hoy.