Según los científicos, se ha llegado a esta tecnología por el alto grado de desarrollo de la química analítica, que ha dado lugar a la creación de equipos muy precisos para cuantificar los compuestos presentes en muchos medios. El empeño actual de los equipos científicos es determinar la forma química en la que se encuentran esos compuestos.  El dispositivo de estos científicos se basa en dos partes: un semiconductor eléctrico sobre el que se dispone una malla de nanotubos de carbono, y un soporte con transferrina, una proteína encargada del transporte del hierro en los organismos vivos.

La transferrina permite la detección de hierro en una muestra, como la del vino, ya que se une exclusivamente a esta especie química de hierro, y no a otras. “Tiene un comportamiento muy específico, similar al que tendría un anticuerpo encargado de identificar y neutralizar bacterias o virus en el organismo”, explican los creadores. El biosensor actúa modificando la intensidad de corriente eléctrica que circula por el mismo al depositar una pequeña gota de vino sobre el dispositivo, .

El hierro presente en la bebida se une a la transferrina, lo que modifica esta intensidad de corriente en una forma tal que cuanto mayor es la cantidad de hierro (III) presente en la muestra, mayor es esta disminución. Los resultados de este trabajo se exponen en la revista Talanta. El sistema presenta como ventaja principal respecto a otros métodos de análisis que apenas utiliza reactivos químicos, permite determinar cantidades muy bajas de elemento químico y es fácilmente desechable.

Otra de las ventajas, según Cámara, es que apenas necesita preparación de la muestra. Sin embargo, la tecnología todavía requiere ser escalable para ser útil para la industria alimentaria. “En una segunda instancia, también podría ser válido para la detección de contaminantes como metales pesados en alimentos”, expresa el científico.