La evidencia de esta dependencia científica se encuentra en las revistas. El autor principal del estudio, Gregorio González, y su equipo revisaron todos los textos sobre Medicina Tropical, Enfermedades Infecciosas, Parasitología y Pediatría publicados en esta base de datos entre 2011 y 2015. Para analizar la interacción entre norte y sur, los autores comprobaron a qué país correspondía la dirección de contacto de las publicaciones, las firmas de los autores y el orden en que estas se presentaban.

Además de medir el impacto de cada investigación, González y su equipo clasificaron los países mencionados según criterios geográficos, índices de desarrollo humano (HDI), posicionamiento e influencia en redes cooperativas y capacidad de colaboración internacional. “A través del índice de dominio hemos objetivado una situación de dependencia científica de los países menos desarrollados”, sentencia el autor.

Aunque el trabajo que publica PlosOne evidencia un grado de colaboración internacional relativamente alto, también señala que en los países en desarrollo la participación es, en muchos casos, testimonial y vinculada a los intereses de Estados Unidos y Europa. En este contexto, “es fundamental el impulso a la investigación liderada por los propios interesados”, defiende el profesor del Departamento de Historia de la Ciencia.

El mejor mecanismo para lograrlo son los vínculos cooperativos. “En muchas colaboraciones la incidencia de la proximidad geográfica y de factores sociopolíticos, como compartir el mismo idioma o ser antiguas colonias de otros países, son elementos que favorecen la colaboración”, explica el experto. “La ciencia debe asumir la responsabilidad de una participación equilibrada en las actividades de investigación”, concluye.