La información que recogen ambos robots sobre el invernadero permite conocer en todo momento las condiciones de los cultivos y detectar problemas antes de que sea demasiado tarde. La productividad de estas explotaciones depende en gran medida de las condiciones en las que crecen las plantas. Mantener la temperatura, la humedad y otras variables en valores adecuados permite obtener buenas cosechas en términos de cantidad y calidad.

Los expertos señalan que cualquier desequilibrio puede causar estragos que van desde la caída de la productividad hasta la pérdida de la cosecha. “Por esta razón es importante conocer al momento y de forma continua las condiciones del invernadero”. Los robots llevan a cabo una tarea que los humanos no pueden hacer: supervisar las condiciones ambientales del invernadero durante 24 horas al día y 365 días al año.

El robot terrestre aporta robustez, autonomía y tolerancia a fallos, ya que puede recorrer los pasillos del invernadero cargado con su compañero durante 5 horas. Por su parte, el robot aéreo aporta agilidad y velocidad, ya que es capaz de intervenir en momentos precisos, como acceder a zonas difíciles para tomar medidas a diferentes alturas. Todo esto ha sido probado con éxito en las simulaciones y trabajos de campo realizados en un invernadero experimental.

Los investigadores establecen una estrategia para que el equipo de robots sea capaz de cumplir con su misión. Primero, el robot terrestre recorre los pasillos del invernadero controlado con un mando para generar un mapa. A continuación, este robot realiza su ruta en el invernadero de manera autónoma mientras toma medidas.

Cuando el robot terrestre encuentra un obstáculo que impide su avance o detecta una medición anómala, el robot aéreo despega, realiza una ruta para evitar el obstáculo o investigar las causas de la anomalía, y vuelve a aterrizar sobre el robot terrestre. El proyecto de estos robots ha sido publicado recientemente en la revista Sensors.