“La ciencia en España no es pésima”, diagnostica el doctor Ricardo Cubedo. “Somos una potencia en ensayos clínicos, pero patinamos en investigación básica”. El oncólogo, especialista en tumores de tejidos blandos del Hospital Puerta de Hierro y miembro del Grupo Español de Investigación en Sarcomas (GEIS), visita los Desayunos Informativos de MedsBla. En ellos, retrata la situación actual de médicos, científicos, divulgadores y periodistas sanitarios.

“Somos un país grande, con muchos pacientes que reclutar para los ensayos clínicos. Se publica mucho, los datos son buenos, los grupos cooperativos funcionan bien y la empresa farmacéutica ofrece mucho apoyo”. Son algunas de las razones que sitúan a España al nivel de potencias como Francia o Polonia en cuanto a investigación clínica. La investigación básica depende de las universidades y la financiación pública. “Partíamos de un porcentaje de inversión en investigación y desarrollo muy bajito y, en los últimos 5 años, los recortes han sido brutales”.

Los investigadores que ejercen como médicos se enfrentan al obstáculo añadido de la falta de tiempo. “En España tenemos una sobrecarga de trabajo clínico mucho mayor que en otros países europeos. Si queremos investigar, tenemos que escamotear tiempo como podemos». El oncólogo asegura que las instituciones «no reconocen al que se dedica a algo distinto que operar o pasar consulta”. Esta sobrecarga, unida a la presión para aumentar la producción de estudios, es el origen de la llamada mala ciencia. Sin embargo, para Cubedo el fraude está sobrerrepresentado.

«El periodismo de salud tiene un problema grave»

“El de la investigación es un mundo bastante limpio, pero cualquier cosa que huela a escándalo levanta todas las antenas del periodista”, defiende. “El periodismo en España tienen un problema grave, pero el periodismo medicocientífico más todavía”, sentencia Cubedo. Él fue asesor durante algunos años de la sección de Salud en la edición digital de El Mundo. “El periodismo de salud en España está muy contaminado por la idea de noticia, está en su ADN». Para el oncólogo, el problema radica en que en ciencia y en medicina no hay noticia de actualidad. Se puede contar hoy, mañana o el año que viene.

“Si los periodistas tuviesen tiempo y no tuviesen que ir todas las mañanas a las redacciones a apagar fuegos, a lo mejor no tendrían que tirar de la nota de prensa de que fulanito ha descubierto una proteína y podrían hablar de cosas realmente educativas como el abordaje del dolor”, propone. “La gente no tiene nanofármacos en su cajón, tiene ibuprofenos”. La “culpa”, aventura Cubedo, es del que vende la información al periodista y la solución pasa por la figura del asesor médico como filtro. “No sé si es por rácanas o por pobres, pero las empresas deberían tomarse en serio tener departamentos estables de asesores”.

Eso haría que los médicos respetasen más las noticias y resolvería otro problema “gravísimo” y colateral: la suspicacia de los sanitarios hacia los medios de comunicación. “Mis propios compañeros se llevan las manos a la cabeza cuando sale uno en la tele diciendo barbaridades; lo que no saben es cuántos médicos que no dicen barbaridades le han dicho que no antes a ese periodista”, ejemplifica, “fallamos muchísimo y eso supone que, al final, el que les dice que sí no es el más adecuado”.