Baldrich se reconoce una apasionada de esta área. Su etapa anterior estaba centrada en la ciencia más básica y teórica, y la nanomedicina le abría una puerta a un mundo más dinámico y multidisciplinar “que te permite estar en muchos sitios a la vez”. Hasta su incorporación al Cibbim, la investigadora trabajó 8 años en el Centro Nacional de Microelectrónica, un centro en el que se hacía un desarrollo más teórico (publicaciones y patentes).

“Tenía la sensación de que el trabajo que estaba haciendo me hacía perder un poco mi tiempo”, apunta. “Lo que yo estaba haciendo no llegaba a los pacientes ni veía que tuviera aplicación”, añade.

El trabajo del grupo de investigación al que pertenece hace nanomedicina de una forma más tangencial, tal y como ella misma explica. En su día a día, Baldrich se vale de nanoestructuras, nanocomponentes y nanomateriales para mejorar los dispositivos de los que disponen para el diagnóstico. Su equipo trabaja, fundamentalmente, con sensores electroquímicos.

El diagnóstico clásico se hace, mayoritariamente, con ensayos colorimétricos. Esta técnica consiste en provocar una reacción utilizando, sobre todo, anticuerpos y medir esa reacción a través del color que se obtenga, señala la investigadora. Los sensores electroquímicos emplean una tecnología similar a la que se usa en los sensores de glucosa, explica Eva Baldrich. “Se trata de aplicar la nanotecnología para mejorar los dispositivos diagnósticos que ya tenemos”, afirma.

Dispositivos más rápidos y sensibles

Los beneficios de aplicar la nanomedicina a los dispositivos de diagnóstico es que los hace más rápidos y los dota de una mayor sensibilidad. “En vez de utilizar las enzimas que necesitas para que se produzcan estas reacciones, empleas un nanoconjugado, con el que obtendrás señales mayores o que te permitirá hacer multiplexado, es decir, detectar muchas cosas a la vez”, asegura.

Tal y como señala Eva Baldrich, por el momento se ha descartado el uso de nanosensores porque al reducir el tamaño de los nanosensores se requieren equipos de medida muy sensibles y condiciones de medida muy especiales. La investigadora aclara que su grupo trabaja más en dispositivos nanoestructurados que en nanodispositivos, porque resulta mucho más eficiente y realista para aplicarlo en el día a día.

La nanomedicina busca cambiar el enfoque actual de la medicina, explica esta investigadora. Según señala, la medicina en España, especialmente a nivel de la Seguridad Social, se centra en curar en última estancia, es decir, cuando ya es demasiado tarde. Sin embargo, “si dispones de herramientas que te permitan detectar la enfermedad antes, en lugar de curar algo que ya está avanzado, puedes prevenirlo”.

Preguntada sobre el diagnóstico genético, la investigadora del Cibbim reconoce que como en cualquier otro tipo de diagnóstico la nanomedicina también puede intervenir en él. No obstante, considera que la nanomedicina donde más puede aportar es en los dispositivos implantables. La investigadora destaca la revolución que puede suponer el hecho de miniaturizar los sistemas de medida y mejorar su sensibilidad.

Sobre los tipos de sensores, Eva Baldrich reconoce que hasta el momento los que más se han desarrollado son los enzimáticos. “Su diseño es mucho más sencillo que el de los inmunosensores. Tienes una enzima en la superficie de tu sensor que en cuanto detecta, por ejemplo, glucosa, urea, o colesterol, se pone en funcionamiento y genera una señal”, detalla. El desarrollo de los inmunosensores es más complicado puesto que requieres de una inmunocaptura utilizando un anticuerpo en superficie. Esto supone un proceso mucho más largo, porque hay más pasos y “tienes que ser capaz de detectar esa interacción y amplificar esa señal”.

La investigadora reconoce que uno de los problemas de los nanodispositivos es la biocompatibilidad de los materiales. “Se está avanzando mucho, pero es necesario contar con dispositivos que no interfieran en la muestra y que no dejen residuos. Otra de las dificultades con las que nos encontramos es que, al introducir un dispositivo en un sistema orgánico, tienes componentes de esa muestra que empiezan a absorberse en la superficie”. En el caso concreto de los nanodispositivos, la capa de proteína que se forma encima mata completamente el dispositivo, detalla Eva Baldrich.

En opinión de la investigadora el diagnóstico in vivo es uno de los mayores retos a los que se enfrenta la nanomedicina. Según explica, en una investigación in vitro “puedes permitirte el lujo de utilizar dispositivos de un solo uso, aunque sean caros”.

Por el contrario, un dispositivo implantable para tomar medidas in vivo “necesita sobrevivir a todo lo que le echen”, destaca Baldrich:

  1. Ataques del sistema inmune.
  2. Proteínas específicas del medio.
  3. Posibles reacciones que se generen el paciente.