La próxima implantación de la tecnología 5G en Segovia y Talavera de la Reina ha enfrentado las posturas de diferentes expertos y colectivos de afectados sobre los supuestos daños que la exposición a los campos electromagnéticos no ionizantes puede ocasionar en la salud humana. Durante estos días ha tenido lugar la jornada Visión científica de la tecnología 5G, organizada por el Comité Científico Asesor de Radiofrecuencias y Salud (CCARS) y el encuentro de la Asociación de Electro y Químicos Sensibles por el Derecho a la Salud (EQSDS).

Las jornadas convocadas por la asociación de afectados contaron con la participación del doctor David Carpenter, director del Instituto de Salud y Medio Ambiente de la Universidad de Albany (EE. UU.). Según ha informado la agencia EFE, el especialista en Salud Pública alegó alteraciones en la fertilidad masculina, la función cognitiva y el funcionamiento celular. La implantación del 5G “podría suponer un aumento en el número de casos de trastorno del déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o de afectados por cáncer”, denuncia.

Carpenter, conocido activista contra la contaminación electromagnética, ha reclamado la necesidad de respetar el principio europeo de precaución, mencionado en el artículo 191 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Por su parte, el presidente de la Sociedad Española de Síndrome de Sensibilidad Central, Ceferino Maestu, advirtió que “la implantación del 5G supondrá la introducción de cientos de antenas más próximas entre sí y, por tanto, un incremento de la densidad de potencia”. Maestu ha insistido en la necesidad de elaborar un mapa de radiación anterior y posterior a la implantación del 5G. Ha reclamado, así mismo, la aprobación de una moratoria en la instalación y la garantía de que se habiliten “zonas blancas”: espacios libres de 5G.

"No hay pruebas" contra el 5G

En la postura contraria, el Comité Científico Asesor de Radiofrecuencias y Salud (CCARS) sostiene que no hay ninguna evidencia científica de que, si se cumplen los niveles legales, haya efecto nocivo para la salud. “No hay pruebas que demuestren que provoquen daños para la salud”, reitera el catedrático de Magnetismo, Antonio Hernando, ya que “los límites legales establecidos son superiores a los que utilizan las empresas de telefonía”, explica. “Los niveles de emisión marcados por la normativa están por encima de las emisiones reales porque las operadoras están entre un 1 y un 3% por debajo del límite”, corrobora Miguel Ángel García, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). “Por lo que sabemos hasta ahora el 5G es una tecnología segura”, señala el científico.

Se trata, dice, de un avance tecnológico que no supone ningún cambio respecto a la potencia que ya se está manejando y que nada tiene que ver con la aparición de los tumores malignos cerebrales que se le achaca. Respecto al aumento en el número de antenas, alegado por Maestu, el investigador explica que, efectivamente, con el 5G habrá más, pero emitirán con menos potencia. “Un par de personas conversando a 100 metros de distancia, tendrán que gritar para oírse; si se pone una persona cada 20 metros, habrá más personas, pero, obviamente, se hablará a un volumen más bajo”, ejemplifica.