Si el grafeno impreso en la madera fue uno de los logros de la Universidad de Rice (Houston, Texas) antes del verano de 2017, este año recién empezado han dado un paso más en la impresión de este material superconductor compuesto por carbono puro. Las cualidades que lo hacen ser casi un mito son su dureza, su flexibilidad, su transparencia o la capacidad de autoenfriamiento, por citar algunas.

Un equipo de la Universidad de Rice vio posibilidades en el grafeno dentro del campo de la electrónica para fabricar supercondensadores que almacenasen la energía. Al convertir la madera en un conductor eléctrico se abrían grandes posibilidades debido a que la madera era un material abundante, económico y respetaba el medio ambiente.

Este año, los científicos estadounidenses han dado un paso más que convierte a este superconductor en material del año: grafeno impreso en material comestible. Pan, galletas, patatas, cocos… podrían constituir la electrónica del futuro al inducir el grafeno por láser (LIG), pero ¿con qué objetivo?

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Para sorpresa de todos, James Tour convirtió las galletas de un grupo de girl scout en grafeno en su laboratorio de Química porque allá donde haya presencia de carbono, se puede obtener grafeno, tal y como explica la universidad. Esta demostración, además de dejar boquiabiertas a las girl scout, puso sobre la mesa la posibilidad de escribir patrones de grafeno en los alimentos para implantar sensores conductivos que diesen pistas sobre la comida.

"Esto no es tinta. Es tomar el material en sí y convertirlo en grafeno", especificó Tour.

Grafeno como detector de bacterias

El estudio ha sido publicado en la revista ACS Nano de la American Chemical Society y plantea las ventajas del grafeno impreso en los alimentos. Según Tour, “muy a menudo, no vemos la ventaja de lago hasta que está disponible”. Luego explicó que, probablemente, una pequeña etiqueta de grafeno impreso podría dar información sobre dónde había estado el producto, cuánto tiempo había sido almacenado o el país de origen.

Estas etiquetas, además, podrían detectar E. coli u otros microorganismos en los alimentos al “iluminarse y enviar una señal”, matiza Tour, y el grafeno estaría impreso en el propio alimento no en una etiqueta aparte. Para estamparlo en la comida, bastaron múltiples pasadas de láser con un haz desenfocado.