Según informa la agencia EFE, la leptina se libera durante la comida y viaja hasta a través del torrente sanguíneo hasta el hipotálamo, donde avisan a los receptores neuronales de que el estómago ya está lleno. Las personas con obesidad suelen tener mucha leptina en sangre, pero su cerebro no capta la señal de saciedad. Eso tiene que ver con la resistencia a la leptina, un fenómeno que hace tiempo que se sabe que está relacionado con la obesidad.

Sin embargo, no se conocían los mecanismos que estaban detrás de ese proceso; hasta ahora. Los investigadores han utilizado ratones para saber qué es lo que bloquea la detección de la saciedad y han descubierto que animales alimentados con una dieta alta en grasas producen una enzima llamada MMP-2 que recorta los receptores de la leptina de la superficie de las células neuronales del hipotálamo.

Este proceso bloquea la unión de la leptina a sus receptores, que impide a las neuronas darse cuenta de que el estómago está lleno y hay que dejar de comer. De acuerdo con el autor principal del estudio, Rafi Mazor, es necesario investigar “qué otras vías, además de la leptina y sus receptores, se someten a un proceso destructivo similar y cuáles podrían ser las consecuencias”.

En el estudio han participado investigadores de la Universidad de Tel Aviv (Israel, la Universidad Monash (Australia) y el Salk Institute for Biological Studies (Estados Unidos). Sus autores quieren realizar un ensayo clínico a gran escala para intentar saber si los inhibidores de la MMP-2 pueden ayudar a las personas obesas a detectar la saciedad y, de esta forma, a perder peso.