Desde entonces, Ibane Abasolo y su equipo de investigación se ha dedicado a “montar una unidad de imagen en la que se ha validado el funcionamiento de diferentes nanopartículas y generar una plataforma que no solo tiene que ver con la imagen, sino con el testado general de nanopartículas que requieren el uso de la imagen molecular”.

La gran ventaja, y a su vez, gran desventaja de los sistemas nanoparticulados es que hay mucha variedad. “Encontrar el sistema adecuado para cada fármaco puede ser complicado”, señala. El problema al que se enfrenta la nanomedicina ahora es trasladar esto a una producción industrial. Ibane Abasolo reconoce que “no es lo mismo trabajar en la probeta del laboratorio que trabajar en una empresa que tenga que producir en cantidad y calidad para que esto pueda llegar a pacientes”.

Tal y como explica la investigadora, las técnicas de imagen molecular consisten en el uso de la imagen médica (rayos X, resonancia magnética) pero con el añadido de que permiten ver información molecular, es decir, de los procesos que están ocurriendo en una determinada ubicación del organismo. “No solamente tenemos la imagen anatómica, sino que tenemos una explicación de por qué esto ocurre”, añade. La imagen molecular puede obtenerse mediante técnicas isotónicas como el PET ( tomografía por emisión de positrones) y procedimientos de imagen óptica.

La funcionalidad de estas técnicas permite, por ejemplo, alterar células para que expresen un reportero y después poder saber dónde están estas células, si crecen o no, o si dan lugar a metástasis, indica Ibane Abasolo. “De la misma manera”, continúa, “podemos coger nanopartículas y las podemos marcar y ver dónde se distribuyen”. La ventaja principal de este proceso es que permite a los investigadores avanzar más rápido con menos coste económico.

Ibane Abasolo junto al equipo de Liberación Dirigida de Fármacos.

Imagen óptica por luminiscencia y fluorescencia

Los sistemas de imagen molecular que emplean en el Cibbim son, principalmente, técnicas de imagen óptica por luminiscencia y fluorescencia en animal completo. “No trabajamos en secciones porque lo que nos interesa es ver la respuesta del organismo completo a la nanopartícula o a la enfermedad que tenemos”.

Dentro de la imagen óptica existen 2 variantes. Ibane Ibasolo señala que se puede emplear la bioluminiscencia y la fluorescencia. El primero de ellos consiste en un proceso por el cual las células son capaces de generar una enzima que hidroliza un sustrato y genera una luz. Este tipo de técnica se utiliza para marcar células tumorales, explica la investigadora. Seleccionan las células tumorales, les introducen este reportero y comprueban si crecen, si se desplazan en el organismo o si generan una metástasis.

En cuanto a la fluorescencia, Ibane Abasolo afirma que puede utilizarse para identificar células tumorales, pero se emplea, principalmente, para marcar los nanosistemas. Según detalla la investigadora emplean este método porque las nanopartículas ya tienen un tamaño considerable y añadir un fluorocromo no interfiere en la distribución y la actividad de la nanopartícula, y, sin embargo, da la posibilidad de seguir dónde está esta nanopartícula.

“Esto es esencial para los nanomedicamentos”, asegura. “Como tienen un tamaño distinto y una funcionalidad específica no se comportan como el fármaco que lo lleva”. Ibane Ibasolo y su grupo de investigación marcan estos fármacos fluorescentemente y ven, de manera inmediata, donde están.

Cáncer y enfermedades lisosomales

Las líneas de investigación del grupo de Ibane Abasolo se dirigen, por un lado, al tratamiento del cáncer, y por otro, al de las enfermedades lisosomales, que son patologías raras, donde hay un déficit o una alteración de una proteína en el lisosoma.

Se decidieron por estas 2 ramas porque el cáncer es una enfermedad con una alta incidencia donde ya se utilizan nanomedicamentos y donde la nanopartícula ofrece grandes ventajas con respecto a los fármacos convencionales.

En relación a las enfermedades lisosomales la investigadora destaca que “sabemos que las nanoconjugados terminan en el lisosoma y es precisamente donde nosotros tenemos que aportar la proteína o la enzima que falta”.

Proyecto no cáncer

Esta iniciativa consiste en la utilización de nanopartículas magnéticas (nanopartículas de hierro) combinadas con la quimioterapia tradicional para tratar a pacientes con cáncer de páncreas localmente avanzado.

“Nuestra intención es añadir nanopartículas magnéticas para inocularlas en el tumor y aplicar un campo magnético. Al aplicarlo, las nanopartículas se calientan y dan lugar a un fenómeno que se conoce como hipertermia”, explica Ibane Asolo. De esta forma se calienta el tumor (en torno a los 43?), logrando que se induzcan procesos de muerte celular programada en este tumor.  “El calor hace que mueran las células y al mismo tiempo permeabiliza el tumor”, añade.