¿Cómo aplicarías el internet de las cosas a la salud?

En un futuro próximo vamos a ver un impacto muy grande en servicios de salud que benefician a los pacientes que se dejen asesorar. Un ejemplo muy sencillo son los wearables. Todas a aquellas personas que lleven estos dispositivos podrán estar en contacto con su médico. El profesional le asesoraría sobre el tipo de dieta, el ejercicio que debe de realizar… sería una especie de coaching que, si se sigue al detalle, mejoraría la salud del usuario.

No es otra cosa que seguir unas pautas, y el beneficio que se obtiene es recíproco. El médico te ayudaría a tener mejor salud, el paciente acogería bien aquello que le puede servir para estar más sano, las empresas de salud tendrían menos gasto porque la prevención ahorra; todo el mundo sabe que la prevención es más barata que el tratamiento. El problema que existe hoy en día es que la empresa privada no tiene acceso a esta información.

Si se sopesa lo negativo y positivo de la cesión de datos ¿hasta qué punto crees que el paciente va a querer quedar “al descubierto”?

En el fondo se trata de encontrar un equilibrio. La gente siempre va a estar dispuesta a ceder si percibe que los beneficios son suficientes. Uno de los principales problemas sería conservar el anonimato de los historiales clínicos, y esa es la mayor preocupación de los profesionales de salud conectada.

Ese tipo de gestión debería tener la misma fuerza que los datos de seguridad social, del DNI, los datos privados que gestionan las organizaciones. En este momento actual, los expertos coinciden en que los sistemas de salud pública no van a ser capaces de absorber la demanda de pacientes y va a ser muy normal que, en algunos países, haya mezcla de salud pública y salud privada. Esto va a suponer que el paciente combine ambas y se pase de una a otra.

Lo más importante es el anonimato, y supone un verdadero esfuerzo buscar un método que lo preserve. Los usuarios reciben a cambio una cantidad ingente de beneficios. Si siguen las pautas de sus médicos: haz ejercicio tantas veces a la semana, toma tus fármacos… estaríamos ante una medicina personalizada.

La mayoría de la información del paciente la tiene el sistema público. ¿Crees que es fácil que eso se transfiera al sector privado?

España es muy proteccionista con los datos. No se puede decir que va a haber una solución que resuelva la situación de todos los países. Si el primer mundo fuera en una misma dirección, el resto iría el mismo sentido. Los alemanes, por ejemplo, están muy obsesionados con la protección de datos. Han llegado a tal punto de prohibir Google maps porque les parece inconcebible que un sistema informático sepa dónde está una persona.

En Singapur, por el contrario, los bancos tienen acceso a los movimientos bancarios de la gente. De este modo conocen sus hábitos: tú vas al gimnasio, comes en el McDonald’s, te has gastado tanto… y yo te ofrezco estos servicios. Te doy descuentos en McDonald’s y te ofrezco créditos de consumo porque sé que te endeudas mucho.

Los alemanes son un caso extremo, pero imagina; si hay una epidemia y se está detectando por los weareables, hacer un trazado al detalle sería una ventaja y compensaría a la población. Ambos ejemplos son casos extremos; en España, por ejemplo, es inconcebible pensar en cualquiera de ellos, ya sea por exceso o por defecto.

El intercambio de datos clínicos de pacientes entre médicos es ilegal en España porque viola la privacidad médico-paciente. ¿Qué solución ves?

Las barreras legales que se dan en España no las hay en otros países. En Estados Unidos esto no pasa. España suele trasponer todas las directrices que se dan a nivel europeo. No suele oponerse a menos que sean que vayan en contra del propio país, por lo que si se llegara a un consenso en esta materia, no se opondría. La legislación puede cambiar en función de la demanda, el interés de las empresas por hacer negocio y compartir información… Se podría, incluso, hacer lobby para que la cooperación se hiciese realidad.