“Si uno sabe cómo se mueven los vasos sanguíneos hacia el tumor y conoce que adoptan la forma de un solitón, controlando el movimiento de esta onda se puede conseguir retardar su crecimiento o hacer que los vasos sanguíneos no lleguen al tumor y no lo puedan alimentar”, explica Luis Bonilla, director del Instituto Gregorio Millán Barbany de la universidad.

 

El estudio lleva a cabo una descripción matemática mediante ecuaciones diferenciales de la densidad de vasos sanguíneos asociados al crecimiento de los tumores. Han confirmado este modelo mediante simulaciones numéricas. “Hemos visto que, en las primeras etapas, la densidad de las puntas de los capilares sanguíneos que se dirigen hacia el tumor adquiere la forma de un solitón”, explica el profesor Bonilla.

La angiogénesis es el proceso de generación y crecimiento de los vasos sanguíneos. Es un mecanismo natural que se activa cuando a algunas células de un tejido no les llega oxígeno y se secretan factores de crecimiento. Estas sustancias alcanzan algún vaso sanguíneo y entonces sus paredes se abren y salen capilares que avanzan hacia la región que emite los factores de crecimiento, llevando allí oxígeno y nutrientes.

Gracias al angiogénesis se reparan las heridas en tejidos y se regeneran los órganos del cuerpo. Los tumores cancerosos se aprovechan de este mecanismo para emitir factores de crecimiento y atraer vasos capilares que les alimenten y les permitan crecer. Además del cáncer, el desequilibrio del proceso de angiogénesis se da en numerosas enfermedades, tales como las isquemias cardiacas, retinopatías diabéticas o reuma.

Este conocimiento es también aplicable en otras condiciones donde el crecimiento de los vasos sanguíneos es un factor importante, como ocurre en los ojos de los bebés prematuros. Los expertos señalan que el entendimiento y control de la angiogénesis tiene una enorme importancia en la medicina actual y futura.