Suponiendo que cada estudio científico ocupa una media de almacenaje de 60 megabytes, y teniendo en cuenta los Hospitales Públicos Madrileños generan una media 450.000 documentos científicos cada año, se generan unos 36 terabytes anuales en información médica solo en esta comunidad autónoma. Según las estadísticas ofrecidas por el experto en infraestructura informática Rubén Saavedra, al sumar los estudios de todas las poblaciones e incluir el material de grupos privados se concluye que, en España, se generan más de 56 millones de estudios cada año; es decir, cerca de 3,2 petabytes.

“Nos enfrentamos al reto de que toda esta información médica está almacenada en sistemas obsoletos”, advirtió el manager consultant de El Corte Inglés, durante su conferencia en el XXI Congreso Nacional de Informática de la Salud, Infors@lud 2018, al que asistió MedLab.email. Además de la antigüedad de los sistemas, Saavedra señala otros retos del almacenamiento masivo de la información médica, como la diversidad de soportes y niveles de seguridad.

“Los centros hospitalarios generan imágenes médicas desde diferentes departamentos, tanto radiológicas como no radiológicas, que se guardan de forma distribuida y con poco control”, argumenta el ponente. A ello se suma una cantidad limitada de recursos económicos e infraestructuras TIC (tecnologías de la información y la comunicación). Aunque, en este sentido, “la sanidad pública y privada ya están implementando estrategias para optimizarse”, admite.

Por otro lado, esta información médica debe guardarse bajo estrictas normas de seguridad y archivado; con posibilidad de acceso permanente, tolerancia a fallos y planes de recuperación ante desastres informáticos. “La normativa legal obliga a guardar la información médica de los pacientes un mínimo de 5 años y, en algunos casos, hasta 30 años o, incluso, de forma indefinida según la comunidad autónoma”, recuerda Saavedra. Frente a todo ello, “la solución es por software, simplificando el hardware” mediante una capa lógica de aplicación (VNA) y una capa lógica de sistemas (SDS):

  1. Ahorro de costes.
  2. Copias de seguridad en el propio sistema.
  3. La solución debe ser dinámica, ágil y automatizada.
  4. Integración con la historia clínica electrónica (HCE).
  5. Imágenes multifabricante, multiformato, DICOM y no DICOM.
  6. Arquitectura de almacenamiento sencilla, centralizada o distribuida.
  7. Eliminar la necesidad de usar un hardware específico, estático e ineficiente.
  8. Evitar migraciones complejas en favor del concepto de recolocación de la información.
  9. La solución debe ser inteligente y escalable que se adapte crezca al ritmo de las necesidades.