Matt Hoffman, clínico del Texas A&M College of Nursing (EE.UU.) aficionado al juego, como él mismo se declara -y apodado Profesor Pokémon entre sus compañeros según Science Daily–  ha destacado la importancia de este tipo de ocio como catalizador del movimiento.

“El jugador debe caminar entre 1 y 6 millas para conseguir que su criatura salga del cascarón”, ejemplifica Hoffman, “yo mismo paso entre 1 y 2 horas caminando por mi barrio en busca de Pokeparadas; lo que para mí comenzó como un juego se ha convertido en un pasatiempo que beneficia a la salud”.

Así lo recoge la publicación, que estima un total de 21 millones de jugadores, una cifra que crece diariamente. Tal cantidad de adeptos supone para el clínico “un nuevo sentido de comunidad que está aumentando el sentimiento de pertenencia y ofreciendo oportunidades para la interacción social”.

Este juego, “familiar y poco violento”, no sólo está disminuyendo la tensión tecnológica que divide a las distintas generaciones, sino que constituye un verdadero apoyo para el colectivo de pacientes con enfermedades mentales; desde fobias sociales y depresiones, hasta trastornos del espectro autista.

No sólo les ayuda a salir de sus hogares, sino que facilita su incorporación al ejercicio físico, una actividad muy difícil de lograr en pacientes de estas características. El psicólogo y experto en terapias tecnológicas, John M. Grohol, ha destacado la capacidad del juego para reafirmar la actividad de sus usuarios; la consecución de objetivos alienta a las personas con dificultades a ser constantes y llevar sus tareas a término.

“Hasta ahora, pocas aplicaciones habían logrado que el uso se extendiese más allá de las primeras semanas”, recuerda Grohol en la publicación Psych Central. "Los desarrolladores de Pokémon Go no tenían la intención de crear un juego en beneficio de la salud mental, pero lo han hecho, y los efectos parecen ser muy positivos", admite.

Existen otros factores, más sutiles, que también pueden suponer un beneficio; por ejemplo, las redes de apoyo en el entorno del jugador o la exposición al sol y al aire libre.

Junto a todos estos rasgos han surgido algunas consecuencias negativas que se resumen en la falta de responsabilidad y precaución de los jugadores. Esta actitud irresponsable puede ocasionar desde simples tropezones y caídas hasta accidentes más graves.

“Es importante que los usuarios eviten cazar Pokémons en áreas oscuras o aislada o mientras están conduciendo”, recuerda Hoffman, “igualmente los jugadores deben ser precavidos al exponerse al sol durante muchas horas e hidratarse adecuadamente”, aconseja.

Dale Bond, psiquiatra de la Universidad de Brown (EE.UU.) ha llamado la atención en la revista Live Science, sobre el aumento de torceduras de tobillos, fracturas, dolores musculares por estrés o contracturas en el cuello que se producen por mantener la postura frente a la pantalla. Para ser un buen maestro Pokémon es necesario entrenar, resume, “ir acumulando los niveles de actividad poco a poco y escuchar al cuerpo”.

José Santos, secretario general del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM) ha recordado que “andar mirando el móvil eleva hasta un 40% el riesgo de sufrir un accidente por caída o atropello”. Por otro lado, matiza, “el propio juego tiene un dispositivo de seguridad que no te permite utilizarlo a más de 30 kilómetros por hora”.

Otros expertos, como el ex ministro ruso de sanidad, Guennadi Oníshchenko, han manifestado su total desaprobación hacia Pokémon Go “Cuando la realidad virtual se superpone al ambiente inmediato, existe un elevado riesgo de que la realidad quede desdibujada”, argumenta, “y eso puede perjudicar gravemente el estado mental de una persona”. Sin ir tan lejos, el Ayuntamiento de Barcelona ya se plantea prohibir el juego en zonas de especial tránsito como hospitales.