Estos 3 físicos ya habían sido reconocidos con el Premio Princesa de Asturias este año debido a la observación de la interferometría láser de ondas. Rainer Weiss ha recibido la mitad de este Premio Nobel de Física, mientras que la otra ha sido compartida por Barry Barish y Kip Thorne por su contribución a la observación de estas ondas y su participación en el detector Ligo.

Weiss ha sido reconocido como el primero en perfilar un interferómetro láser creado para vibrar cuando pase una onda gravitacional. Se unió a Thorne, que trabajaba en el diseño de un dispositivo muy parecido, pero en la Universidad de California, para desarrollar el Ligo. Barish fue el encargado de edificar y poner en marcha los 2 interferómetros (separados por más de 3.000 kilómetros) para captar una señal con más posibilidades.

Exploración del universo

20 años después de construir Ligo es cuando se captó la primera onda gravitacional, según dijo el propio Barish a la organización del premio. Tal y como explicó, a Einstein se le escapó que las nuevas tecnologías serían capaces de captar las ondas gravitaciones, aunque estaba en lo cierto en cuanto a que eran excesivamente pequeñas.

"El tamaño real de la señal era unas mil veces más pequeño que un protón", puntualizó Barish.

Ligo ha sido capaz de registrar hasta 4 señales de ondas que tenían su origen en los agujeros negros. La primera onda gravitacional también fue captada por el láser europeo Virgo, y la última fue causada por 2 cuerpos 30 veces la masa del sol. Esta detección de ondas supone un paso adelante en la exploración del universo.

Por primera vez se han basado en las deformaciones espacio-temporales y en el material que compone el universo para revelar las propiedades de los cuerpos invisibles para los tradicionales telescopios, tal y como recoge Madrid+D. A partir de ahora, se espera que otros detectores similares pueden detectar las ondas provocadas por pulsares, neutrones y otros objetos.