Jeffrey, Rosbash y Young han sido capaces de explicar cómo las plantas, los animales y los seres humanos adaptan su ritmo biológico para sincronizarse con las revoluciones de la Tierra. Los científicos usaron como modelo las moscas de la fruta y aislaron un gen que controlaba el ritmo circadiano normal, según apuntan desde la propia academia.

Los ganadores del Premio Nobel de Medicina han demostrado que este gen codifica una proteína que acumula en la célula por la noche, y que consigue degradarse por la mañana. “Ahora reconocemos que los relojes biológicos funcionan por los mismos principios en células de otros organismos multicelulares, incluyendo humanos”, explicaron.

El reloj interno de los seres humanos adapta la fisiología a las fases distintas del día. Este reloj regula las funciones críticas del hombre: metabolismo, sueño, temperatura corporal, niveles hormonales y comportamiento. El bienestar del hombre, dicen los galardonados con el Premio Nobel de Medicina, se afecta notablemente ante desajustes temporales relacionados con el entorno (por ejemplo, el jet lag).

La desalineación crónica entre el estilo de vida y el ritmo dictado por el cronometrador interno está relacionada con un mayor riesgo de padecer enfermedades, según explicaron a través de un comunicado desde el Instituto Karolinska de Estocolmo.