La superpoblación de roedores machos en los ensayos clínicos se debe en parte a que sus homólogos femeninos tienen niveles de hormona gonadal más fluctuantes y resisten peor el dolor. Pero es precisamente la resistencia de los machos lo que les hace sujetos inadecuados, si tenemos en cuenta que las mujeres forman el 70% de toda la población que acude a consulta por dolor.

La epidemiología “está muy clara”, según ha defendido el neurocientífico de la Universidad McGill (EE.UU.), Jeffrey Mogil, “las diferencias de sexo en el dolor y la analgesia son reales y consistentes, tanto en personas como entre roedores”, asegura en declaraciones a la revista Nature. Existe diferencias cuantitativas y cualitativas demostradas en cuanto al recuerdo del dolor, su modulación social o la inhibición inducida por el estrés del daño.

Surge en este punto una nueva preocupación para los científicos: la variabilidad de datos que supone el dolor en las hembras. Algo equiparable, insiste Mogil, “a las fuentes de variabilidad propias de los machos, como por ejemplo las jerarquías de dominio dentro de la jaula”. Pero existen otros mitos que inquietan a los expertos, aventura el neurocientífico.

“Muchos creen que la política los Institutos Nacionales de Salud (NIH) les obliga a duplicar el tamaño de las muestras al añadir hembras, lo que aumenta considerablemente el coste de los ensayos, pero es algo completamente falso”, explica. Sí existen algunos temores fundados como la necesidad, también costosa, de repetir el estudio en cada una de las fases del ciclo estral de la ratona.

Aunque desde 2014 muchos NIH ya exigen el uso de animales de ambos tipos y consideran el sexo como una variable biológica de la investigación, bastantes científicos continúan excluyendo a las hembras de sus ensayos preclínicos. Mogil y su equipo han determinado algunas cifras comparativas:

A lo largo del año 2015, la revista especializada Pain publicó 71 artículos que implicaban el uso experimental de roedores: 56 de ellos se refirieron únicamente a machos mientras otros 6 se realizaron exclusivamente en hembras. De estos últimos, 4 eran estudios específicos para la mujer. Se contabilizaron 6 más en los que el sexo no estaba descrito. Esto supone que a los estudios mixtos únicamente corresponde el 4,2% de lo publicado.

“Estamos fallando en nuestro deber si llevamos a cabo investigaciones que producen resultados solo para hombres”, lamenta el experto. “El mensaje a mis colegas investigadores del dolor es que empiecen a incluir ratones y ratas hembra. No tienen nada que perder, y tanto los hombres como las mujeres que sufren dolor tienen mucho que ganar”.