Uno de los 2 detectores del LIGO (Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser) registró desde Estados Unidos el paso de las ondas gravitacionales y una serie de fluctuaciones en el tejido espacio-tiempo producidos por un potente fenómeno cósmico, “un descubrimiento histórico”, tal y como afirmó Erik Kuulkers de la ESA.

“Por primera vez se nos muestra la liberación tanto de ondas gravitacionales como de luz extremadamente energética procedentes de una misma fuente cósmica”, aseguró Kuulkers.

Las ondas gravitacionales ya se habían detectado antes 4 veces y el origen de la colisión siempre estaba en parejas coalescentes de agujeros negros que giraban entre sí. La primera vez que los detectores LIGO captaron este fenómeno fue 3 veces en el año 2015 y otra a principio de este año. La última observación de las ondas gravitacionales ha sido en 14 de agosto.

Las ondas gravitacionales son el único testigo al chocar 2 agujeros negros, de modo que desde que se detectaran estas colisiones, científicos del mundo entero iniciaron la búsqueda de destellos de luz asociados a estas ondas con telescopios espaciales y terrestres. De hecho, recientemente, el Premio Nobel de Física fue entregado a 3 científicos estadounidenses por su aportación en la misión LIGO.

Por su parte, Volodymyr Savchenko, del Centro de Datos Científicos de Integral en Ginebra, explicó que habían hecho búsquedas iniciales sin encontrar emisiones de rayos gamma o rayos X como se predecía. Este hecho sin precedentes podría convertirse en el más estudiado de la astrofísica.

Los científicos consideran que las colisiones cósmicas liberan ondas gravitacionales y luz a lo largo del espectro electromagnético. Esto pasa si la colisión implica una o más estrellas de neutrones como los agujeros negros, es decir, restos de lo que un día fue una estrella masiva. Además, se pensaba que las fusiones de las estrellas de neutrones eran el origen de los rayos gamma, pese a que no había observaciones suficientes que lo afirmasen.