El big data, la inteligencia artificial o el internet de las cosas son “conceptos muy importantes en la evolución de la profesión médica y que, a pesar de lo mucho que se habla de ellos, son aún grandes desconocidos”. Con esta reflexión ha iniciado Mario Tascón Ruiz su ponencia sobre el manejo de la información y la aplicación a la salud de los llamados macrodatos. La charla, moderada por el doctor Víctor Julián Moreno del Hospital Universitario de Móstoles, ha tenido lugar durante la celebración del 38.º Congreso Internacional de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).

No hay más que repasar algunos titulares antiguos de prensa para entender que el ser humano se enfrenta al futuro con miedo, asegura Tascón. Noticias históricas como El telégrafo: monstruo asesino de la prensa, Los bancos ingleses prohíben las calculadoras o El cine sonoro deja en el paro a la orquesta, ofrecen una pista de que el las personas tienden a resistirse al cambio. Frente a los avances tecnológicos, el ser humano adopta las 5 etapas tradicionales del duelo: negación, enfado, negociación, depresión y aceptación.

Una vez hayamos adoptado el cambio como propio llega el momento de implementarlo, anima el director general de la consultoría Prodigioso Volcán. “Cuando el médico quiera transformar su profesión tendrá que contar con una serie de elementos imprescindibles: visión, habilidades, incentivos, recursos y un plan de acción”, enumera. “Del big data se pretende obtener información, conocimiento e incluso sabiduría, pero, para obtener buenas respuestas, hay que saber hacer buenas preguntas”, sentencia el ponente, “los macrodatos no sirven de nada si no los sabemos contar”.

Para ello es necesaria una inteligencia, natural o artificial, que se encarge del procesamiento de datos en información; preferiblemente en 3 etapas: recopilación, procesamiento y presentación. En esta cadena se incluyen las 3 uves del big data, a las que Tascón añade una más: variedad, volumen, velocidad y visualización. “Los volúmenes son tales y tan heterogéneos que incluso crean problemas informáticos cuando tratan de procesarse y, además cambian a una velocidad de puro tiempo real”, describe el experto; de ahí la importancia de generar un conocimiento visualizable y compresible para el ser humano.

Pero este afán por plasmar de forma sencilla una gran cantidad de datos no es nuevo, admite. Juan Manuel de Aréjula en 1800 y el epidemiólogo John Snow en 1854 ya llevaron a cabo los primeros trabajos de big data cuando trataron de averiguar las fuentes de una epidemia marcando en un mapa los puntos donde se habían producido fallecimientos. Al trasladar estos acontecimientos a la actualidad, cabe preguntare cuál es realmente la influencia de los macrodatos en la salud. “En primer lugar, el cuerpo humano es la mejor metáfora del big data, pero, aparte de eso, hay avances que ya se están aplicando en consulta”:

  1. Predicción de hospitalizaciones.
  2. Identificación de pacientes de alto riesgo.
  3. Gestión de programas de atención a pacientes crónicos.
  4. Asistencia en consulta para la toma de decisiones.
  5. Análisis poblacionales y de tendencias.
  6. Ayuda a la práctica el ensayo clínico.
  7. Evaluación de los servicios sanitarios.
  8. Vigilancia epidemiológica.

Todas esta ventajas y aplicaciones tienen también sus peligros, advierte. “Nuestra privacidad es tremendamente vulnerable, mucho más de lo que pensamos”, alerta Tascón, “No se trata de un tema tan complejo como hackers o WikiLeaks, sino más bien de un post-it con usuarios y contraseñas pegado en la pantalla de nuestro ordenador”.