Tasuku Honjo (1942, Kyoto) y James P. Allison (1948, Texas) han recibido el Premio Nobel de Medicina en la última edición de los premios celebrada ayer. La Real Academia de las Ciencias Suecas ha querido reconocer el papel de estos científicos por sus trabajos sobre la inmunoterapia contra el cáncer. Su descubrimiento radica en una terapia basada en la inhibición de la regulación inmune negativa, lo que pone de manifiesto la capacidad del sistema inmune de atacar las células malignas y liberar los frenos de las células inmunes, según apuntan desde el Instituto Karolinska.

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Honjo, profesor de la Universidad de Kyoto, y Allison, profesor de la Universidad de Texas, miembro del Anderson Cancer Center (Houston) y afiliado del Parker Institute for Cancer Immunotherapy, han conseguido establecer un principio completamente nuevo para la lucha contra el cáncer al lograr estimular la capacidad inherente del sistema inmune para atacar las células tumorales.

Tras estudiar una proteína que frenaba el sistema inmune (CTLA-4), Allison se dio cuenta de que se podían liberar las células inmunes y atacar directamente los tumores. Poco después, comenzó a trabajar en el desarrollo de este enfoque en el tratamiento de los pacientes. Por su parte, Honjo descubrió una proteína en las células inmunes (PD-1) que actuaba como freno, pero con otro funcionamiento distinto. Los 2 juntos han conseguido demostrar cómo distintas estrategias que detengan los frenos del sistema inmune pueden suponer un hito en la historia del cáncer.

Unidos por la investigación

Allison se doctoró en la Universidad de Texas y fue becario en Scripps Clinic and Research Foundation (California). Durante 7 años fue miembro del System Cancer Center de la Universidad de Texas y trabajó en la Universidad de California y en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York. Entre los años 1997 y 2012 se dedicó a investigar en el Instituto Médico Howard Hughes, y después se centró en la docencia en el Anderson Cancer Center. Tasuku centró parte de su carrera a la investigación en el Carnegie Institution of Washington y en Institutos Nacionales de Salud de Maryland. En 1975 se doctoró en la Universidad de Kyoto, de la que fue decano y ahora profesor, y ha trabajado con las universidades de Osaka y Tokio en Japón.

El año pasado, los escogidos fueron Jeffrey Hall, Michael Rosbash y Michael Young por sus aportaciones a la Medicina de los ritmos circadianos relacionados con los mecanismos moleculares. Estos científicos pudieron explicar cómo los seres vivos son capaces de sintonizar su ritmo biológico con las revoluciones de la Tierra, como si de un reloj biológico se tratara.