Una de las cualidades del grafeno es que su estructura es lo suficientemente sensible como para moverse con la piel, mientras que su resistencia mecánica le permite resistir el daño sufrido por el estiramiento o la compresión a la que el tatuaje se somete. Al ser un material conductor, es ideal para monitorizar signos vitales no invasivos.

Deji Akinwande y Nanshu Lu, investigadores del proyecto, comenzaron depositando una capa gruesa de grafeno sobre una lámina de cobre. Luego, el grafeno se recubrió con un polímero elástico y se retiró el cobre. Cuando se retiró este elemento, la hoja de grafeno se colocó sobre un papel de tatuaje temporal que podía aplicarse en la piel.

El grafeno se graba sobre unos electrodos, y su flexibilidad le permite formar pequeñas crestas y valles que cubren la piel para hacer un contacto más íntimo entre la superficie y el sensor. Este contacto elimina la necesidad de adhesivos, y el sensor se aplica colocando el papel sobre la piel con un poco de agua.

Las fuerzas electrostáticas hacen que el sensor de grafeno se mantenga en su lugar y permiten al dispositivo hacer mediciones de alta calidad. El tatuaje es capaz de medir las señales eléctricas del corazón, los músculos, el cerebro, así como la temperatura del cuerpo y la hidratación de la piel con bastante fiabilidad.

La calidad de los datos recogidos por el tatuaje electrónico temporal fue comparada con la obtenida mediante dispositivos convencionales de mayor tamaño. Según ambos científicos, el uso de esta biotecnología integrada en el cuerpo tiene un gran potencial de aplicación en dispositivos de medición portátiles.