Los autores indican que, comparado con la visión de una persona normal, puede parecer rudimentario o poco impresionante, “pero un poco de visión extra es un gran paso para aquellos que no pueden ver nada en absoluto", dice el optometrista Armin Scharrer, investigador en el proyecto. La empresa subraya que 3 de cada 4 pacientes dijeron que, aunque el procedimiento era complicado, valía la pena hacerlo.

Sin lugar a dudas, esta tecnología es "un gran paso en la dirección correcta" para aquellos que han quedado ciegos, señala Scharrer. Hasta el momento existen 2 modelos de este chip: una versión americana y otra alemana. La inserción del dispositivo alemán (de 3 milímetros cuadrados grandes) se lleva a cabo debajo de la retina y tarda casi 7 horas. La operación requiere la maestría de un optometrista y del neurólogo. La batería para el chip está escondida bajo la piel cerca de la parte posterior de la cabeza y un cable lleva desde allí al ojo.

"Es realmente una cosa increíblemente complicada", dice Scharrer. El procedimiento cuesta alrededor de 100.000 euros y tiene éxito en aproximadamente el 75% de los pacientes. Por ahora, solo se puede usar en personas que alguna vez pudieron ver. En algunos países, como es el caso de Alemania, varias compañías de seguros de salud están dispuestos a asumir los costos de la cirugía.

El chip estadounidense tiene menos electrodos que el chip alemán y se coloca encima de la retina. La imagen que da no es tan clara como el dispositivo alemán, pero la operación en sí es mucho más simple: el paciente lleva un par de anteojos con una cámara que transmite señales visuales al chip implantado. En lugar de insertar quirúrgicamente la batería, el paciente la guarda en una pequeña funda protectora metida en el bolsillo.