El collar percutáneo consta de una malla interna flexible acoplada a un anillo rígido. La rejilla favorece la cicatrización y permite adaptar la rigidez del collar a los tejidos circundantes; mientras en anillo crea un sello firme y estable. A través de microcanales, el material microporoso que recubre el collar percutáneo facilita la conexión de los tejidos blandos con la malla, así como la proliferación interna de las células.

“El anillo crea un sello estable con la epidermis, mientras la flexibilidad adaptada de la malla permite apantallar las tensiones generadas en la interfaz de unión y distribuirlas de forma más homogénea”, resumen los autores José Expósito y el investigador en Histopatología e Ingeniería Tisular de INCLIVA, Antonio Silvestre. Con la combinación de flexibilidad y firmeza, los científicos esperan “reducir los desgarros en la zona de unión y mejorar la barrera frente a infecciones”.

Silvestre señala que, inicialmente, el collar percutáneo fue diseñado para exoprótesis de fémur y húmero, pero, al garantizar un sellado de la comunicación, es un dispositivo apto para colostomías, cistotomías, etc. “Actualmente, al practicar un estoma o herida quirúrgica abierta que conecta el interior y exterior del cuerpo el principal riesgo es el de infecciones superficiales y profundas”, explican sobre el collar que, al ser microporoso, mejora la barrera de tejido de cicatrización que crece en su interior.

“La clave para reducir las infecciones se encuentra en la proliferación interna de las células tanto epiteliales como adiposas en todo el volumen del collar, generando una mayor cantidad de tejido fibroso de cicatrización capaz de reducir la entrada de agentes patógenos al producir un efecto sellado”, corrobora la coautora Ana Vallés, quien destaca la versatilidad del collar percutáneo para adaptarse a distintos tipos de vástagos.