La información obtenida por el equipo húngaro se publicó recientemente en la revista Nature en un artículo que explica la teoría del descubrimiento y los futuros planes del equipo para poder confirmar dicha teoría. El artículo afirma que los resultados del estudio fueron publicados en el diario Physical Review Letters, pero que fueron notablemente obviados.

Un físico nuclear de la Universidad Estatal de Michigan examinó el historial y las credenciales del grupo húngaro y consideraba increíble que se hubiera publicado en el diario Physical Review Letters. La posterior publicación en Nature también le sorprendió pues asegura que si el estudio entusiasma es porque no se han leído los trabajos anteriores del laboratorio.

Sin embargo, un investigador posdoctoral de Irvine, California, asegura que el problema reside en la brecha cultural que existe entre físicos nucleares y físicos de partículas. Explicó a Quanta Magazine que el descubrimiento de nuevas partículas no es realmente el área de interés de los físicos nucleares y que los físicos de partículas no leen la información relacionada con la física nuclear experimental.

Muchas investigaciones de esta última década buscan una quinta fuerza fundamental que logre explicar la materia oscura pues el modelo estándar de la física de partículas no es suficiente para ello. Esto es lo que buscaban los físicos del laboratorio húngaro y lo que vieron durante el proceso es que la descomposición de un núcleo inestable de Berilio-8 mostraba anomalías que podían tener una relación con esta fuerza.

La desconfianza de muchos físicos provoca que el informe del laboratorio húngaro pierda peso. Sin embargo, lo descubierto por el equipo en dos estudios de alta profundidad no puede ignorarse y experimentos posteriores pueden explicar a qué se debe esa descomposición anómala del Berilio-8 cuestionada por tantos expertos.