La investigación, publicada en The Journal of Investigational Allergology and Clinical Immunology (JIACI), se llevó a cabo de manera observacional y descriptiva en niños y adolescentes menores de 16 años. En total, 35 sujetos compusieron la muestra. La edad media era de 9,6 años y 28 (80%) de ellos eran hombres. El 83% era atópico y el 28% tenía antecedentes familiares de atopia.

Según detectaron los investigadores, el síntoma más común era la disfagia con presencia de eosinofilia en sangre en el 60% de los pacientes. El 78 y 77% de los sujetos tenía la proteína catiónica del eosinófilo y la IgE total elevadas, respectivamente. Los surcos lineales (62%) fueron los hallazgos endoscópicos más frecuentes, resaltan los autores del estudio. 

Los test cutáneos resultaron positivos en el 82% de los pacientes (polen y alimentos). Las comorbilidades atópicas fueron, asma (48%) y rinoconjuntivitis (37%), mientras que las enfermedades digestivas más asociadas fueron gastritis e infección por Helicobacter pylori (17%). Las conclusiones del estudio resaltan que la esofagitis eosinofílica es más frecuente en niños con historia de atopia sensibilizados a aeroalérgenos o alimentos.

Ello apoya que la esofagitis eosinofílica pueda considerarse una enfermedad atópica y la necesidad de que el alergólogo se implique en el diagnóstico y tratamiento precoz de la enfermedad, tal y como resaltan los autores. Actualmente, la enfermedad se suele diagnosticar con endoscopia y biopsia de esófago, según recuerda la American Academy of Allergy, Asthma & Immunology (Aaaai).