Con estos datos en la mano y con el apoyo de la World Gastroenterology Organisation (WGO), el especialista en Aparato Digestivo de IMQ, Víctor Orive, ha lanzado una advertencia sobre “las consecuencias que el botellón y el txikiteo pueden tener para la salud digestiva de los bebedores sociales”.

“Un total de 27.125 personas en el País Vasco presentan un consumo de alcohol de riesgo, a los que hay que sumar otras 23.560 que realizan un consumo perjudicial y 7.029 personas más que tienen dependencia alcohólica”, explica el doctor en una nota de prensa.

Barriga de txikitero

En ocasiones, para llegar a alguno de estos estados basta con empezar siendo un bebedor social que desconoce el alcance del hábito. El consumo de vino en cuadrilla, típico del País Vasco “tiene una parte eminentemente social, pero la ingesta de alcohol es considerable sin que los individuos ni sus allegados tengan clara conciencia de la misma”, explica el especialista del Centro Vasco de Aparato Digestivo (Cevadi).

Este tipo de bebedor social se caracteriza por la continuidad. “Al ser un consumo prácticamente diario, la tolerancia hace que no se aprecien síntomas de embriaguez”, advierte. No obstante, el txikiteo puede llegar a producir una hepatopatía severa si se llegan a consumir más de 60 gramos diarios de alcohol -750 cm3 de vino para un hombre- durante más de 15 años.

“En mujeres, la cantidad lesiva es menor, de unos 40 gramos de alcohol al día, probablemente por la distinta distribución de la grasa corporal”, explica Orive. Otro problema del bebedor social, añade, es el incrementar la grasa visceral -barriga de txikitero– provocada por el suplemento de calorías sin valor nutritivo que constituye el alcohol.

El peligro del garrafón

El botellón, otra forma de consumo social de alcohol, tiene sus propias características, ya que “no es diario, pero, con frecuencia, se ingieren cantidades masivas”. Esta particularidad puede producir desde embriaguez e intoxicación, gasta el coma o la aspiración de los vómitos a las vías respiratorias; aunque todo dependerá de factores como la tolerancia, el ritmo de la ingesta o la presencia de alimentos en el estómago.

Es habitual que el consumidor social experimente nauseas o dolor de estómago “como consecuencia de la acción irritativa del alcohol en el aparato digestivo, que produce esofagitis, gastritis y deshidratación, ya que el alcohol inhibe la hormona antidiurética”, explica el experto en Aparato Digestivo.

Pero este tipo de consumo social lleva asociado otro peligro: el garrafón. En este sentido, “es preciso tener en cuenta la calidad del alcohol que, si es mala, puede contener pequeñas cantidades de metanol y otras sustancias tóxicas”, apunta el especialista de IMQ.