La prueba no requiere preparación por parte del paciente, salvo un ayuno de 10 horas y una dieta de líquidos claros el día previo a la intervención. Tras esta preparación, la unidad procede a la administración oral de un dispositivo del tamaño de un comprimido farmacológico que incorpora una cámara fotográfica. Pasadas una hora y media, aproximadamente, el aparato habrá llegado al intestino delgado.

La cápsula, de apenas unos 2 centímetros, realizará entre 2 y 6 fotografías por segundo mientras se desplaza a lo largo del intestino. Durante el recorrido, unos sensores captan las imágenes para almacenarlas en una grabadora situada a la altura de la cintura. Durante las cerca de 8 horas que dura la prueba, el paciente deberá permanecer activo.

De esta manera, los expertos podrán evaluar zonas de difícil acceso como el íleon o el yeyuno, rastrear sangrados de origen desconocido, o diagnosticar más fácilmente patologías del aparato digestivo como síndromes polipósicos, enfermedad celiaca refractaria a dieta restrictiva o la enfermedad de Crohn, entre otros.

Una vez hallada la causa, el paciente regresa a la Unidad de Endoscopias Digestivas, donde se procede a la retirada de la grabadora, que será expulsada por el colon de manera natural. Puesto que el sistema es de un solo uso, el paciente deberá informar al personal sanitario cuando la cápsula sea evacuada.

En cualquier caso, la responsable de la unidad, Lidia Martí, y las especialistas Vanesa Martínez Escapa e Inmaculada Castelló, señalan que “esta exploración no sustituye a la realización de la gastroscopia ni la colonoscopia, sino que las complementa”. Se trata de un sistema “no agresivo y no invasivo” que, si bien “no permite la toma de muestras”, sí supone una “una mayor precisión diagnóstica con un mínimo de molestias para el paciente”.