El estudio se ha elaborado sobre una cohorte de 446 pacientes diagnosticados de cirrosis hepática y coinfectados por VIH y hepatitis C, a los que se les ha realizado un seguimiento desde el año 2006 al 2015. Los resultados muestran que la medición de la rigidez hepática a través de elastografía, una herramienta diagnóstica no invasiva, predice el riesgo de sangrado por varices esofágicas en estos pacientes.

Así, a aquellos pacientes que presentaban valores menores a 21 en la elastografía, no se les realizó una endoscopia para cribado de varices y no llegaron a sangrar, “lo cual confirma que este manejo es óptimo y no tiene riesgo para el paciente”, según afirma Nicolás Merchante, coordinador y autor principal del estudio.

Tras comparar la capacidad predictiva de los dos índices pronósticos clásicos (Child y MELD) con la elastografía, se observó un mejor rendimiento, especialmente de Child, por lo que éste último se ha combinado con la elastografía en nuevo modelo de seis categorías pronósticas con valores A-B, en Child, y valores menores de 21, mayores de 40, y entre 21 y 40, para medir la rigidez hepática.

Merchante ha afirmado recientemente que van a realizar un nuevo análisis estadístico con un mayor número de eventos. Posteriormente, valorarán la posibilidad de una patente e incorporar la nueva clasificación en las guías internacionales de práctica clínica una vez se publiquen los resultados.