En el estudio, los participantes se sometieron a una privación parcial del sueño durante 2 noches consecutivas y a un sueño normal durante otras 2 noches. En las noches de sueño reducido, los voluntarios durmieron algo más de 4 horas (desde las 2.45 hasta las 7 de la mañana). En aquellas de sueño normal, los participantes durmieron 8,5 horas (desde las 22.30 hasta las 7).

Con el objetivo de conocer si se producía una alteración de la flora intestinal tras la privación del sueño, los científicos recogieron muestras fecales en las 24 horas previas y posteriores a las 2 noches de alteración del sueño y de sueño normal. Asimismo, se sometió a los participantes a pruebas de tolerancia a la glucosa.

Los investigadores observaron que los cambios observados en la microbiota intestinal son similares a otros estudios en los que se analizaron los microorganismos presentes en la flora de pacientes con obesidad. Ambos tienen un incremento de las bacterias firmicutes y una disminución de bacteroidetes.

Además, los voluntarios fueron un 20% menos sensibles a los efectos de la insulina después de la privación de sueño. Sin embargo, los investigadores no están seguros de si esta circunstancia está directamente relacionada con la alteración de la flora intestinal. Para poder conocer más a fondo estas alteraciones, los autores del estudio sugieren realizar más investigaciones a largo plazo.