Estas infecciones pueden no presentar síntomas o son muy complicadas de identificar, por lo que es importante la aplicación de biomarcadores que puedan ayudar a detectarlas, como es el caso de la procalcitonina (PCT). Este péptido se sintetiza en diversos tejidos y órganos en caso de sepsis, y goza de una mayor capacidad diagnóstica que otros biomarcadores como la Proteína C Reactiva (PCR).

Con el fin de determinar la utilidad de la PCT en el diagnóstico de las infecciones bacterianas, un grupo de investigadores del Hospital Universitario La Fe, en Valencia, ha realizado un estudio retrospectivo de casos consecutivos. Para el estudio, seleccionaron a 255 pacientes con cirrosis hepática que habían sido ingresados en la UCI de dicho hospital en los últimos 4 años.

Entre todos ellos, se utilizó la PCT para el diagnóstico diferencial de 69 casos (27%) en las primeras doce horas de la sospecha de una infección, de los que 54 (82%) fueron detectados como infectados. La infección más frecuente fue la neumonía (72%), seguida de la infección intraabdominal (18%), y la bacteriemia (5%).

Los resultados mostraron que la mediana de PCT era superior en los pacientes con infección (99 ng/ml) frente a aquellos sin infección (57 ng/ml), incluyendo a los trasplantados. Asimismo, la cifra de PCT era especialmente elevada en los casos de sepsis severa o shock séptico.

El resto de análisis, como el recuento de leucocitos y neutrófilos, no mostraron grandes diferencias entre los dos grupos. Por otra parte, otros biomarcadores ya conocidos, como la PCR, se deben realizar mediante biopsia hepática, más invasiva que los análisis de sangre realizados en este estudio. Por este motivo, la PCT resulta de esencial incorporación en el diagnóstico de la infección en el paciente con cirrosis hepática.