Tal como ha publicado la revista especializada Nature Cell Biology, ya existían estudios genómicos a gran escala que asocian variaciones genéticas en el gen CPEB4 con defectos en el metabolismo de grasas; sin embargo, en esta ocasión, los científicos han trabajado mediante la eliminación de la proteína en el hígado de ratones.

El equipo observó entonces cómo, a medida que envejecían, los animales carentes de la CPEB4, desarrollaban hígado graso. Lo mismo sucedió los roedores jóvenes a los que eliminaron la proteína y que eran alimentados con una dieta rica en grasa; desarrollaron la patología y de forma incluso más acentuada.

El responsable de formular la función molecular de CPEB4 ha sido Carlos Maíllo, estudiante de doctorado y primer autor del artículo, quien ha concluido que, sin la proteína, el retículo endoplasmático es incapaz de activar la respuesta a estrés y los hepatocitos acumulan lípidos.

“El orgánulo celular relacionado con la síntesis y plegamiento de proteínas y el metabolismo de lípidos detiene sus funciones para reestablecer el equilibrio celular en situaciones de estrés promovidas, por ejemplo, por una ingesta desmesurada de grasas”, según recoge el IRB Barcelona en una nota de prensa.

“Dicha respuesta de 'limpieza' está orquestada por la CPEB4”, concreta el texto, “además, varía según las horas del día, y en humanos es más intensa durante la mañana, cuando el hígado tiene mayor trabajo, y menor durante la noche”.

Las bases del futuro

Por su parte, la jefa de grupo en el IDIBAPS, Mercedes Fernández, ha admitido que, si bien “este trabajo de investigación básica no tiene una aplicación clínica directa inmediata, sí sienta las bases de la ciencia aplicada que viene después” y que “el conocimiento básico sobre este problema médico es esencial para desarrollar estrategias terapéuticas en un futuro”.

En este sentido, la jefa del Centro de Investigación Biomédica en Red en el Área de Enfermedades Hepáticas (CIBEREHD) ha advertido de que, “dada la epidemia de obesidad en Estados Unidos y en el mundo, se prevé un aumento de afectados de hígado graso no alcohólico en las próximas décadas y no disponemos todavía de tratamientos adecuados para esta condición”, lamenta.

100 millones de beneficiados

Según las últimas estimaciones, solo en Estados Unidos existen entre 80 y 100 millones de pacientes de hígado graso, una cifra que se ha triplicado desde 1980; todos ellos con un riesgo incrementado de sufrir esteatohepatitis no alcohólica que acabe derivando en cirrosis, fibrosis e, incluso, cáncer de hígado. Frente a esta situación, y gracias al actual estudio, es posible que surjan nuevas terapias.

“Conocer ahora la función de CPEB4 en el hígado puede ser útil como valor predictivo para aquellas personas que tengan variantes patológicas de esta proteína y prevenir el desarrollo, por ejemplo, vigilando la dieta y las horas de ingesta”, ejemplifica el investigador del IRB Barcelona, Raúl Méndez. “También puede ofrecer pistas para desarrollar terapias que mejoren las tareas de limpieza del hígado”, añade.

Mediante la administración de ácido tauroursodesoxicólico (Tudca®), que hoy trata otro tipo de patologías, es posible revertir el hígado graso en ratones, ya que “ejerce la misma función que las chaperonas que pone en marcha la CPEB4 y que se encargan de la limpieza celular”, explica Méndez, quien aventura que, en un futuro, “quizás podrían desarrollarse moléculas parecidas a Tudca®, pero dirigidas específicamente a CPEB4”.