Según estimaciones, entre el 6 y el 8 % de la población sufre este trastorno, cuyos síntomas –alteraciones en el hábito deposicional tanto por diarrea, como por estreñimiento o ambos- se manifiestan, al menos, una vez por semana. A raíz del estudio y con motivo del Día Nacional del Síndrome del Intestino Irritable, celebrado el pasado sábado 21, la doctora Silvia Gómez Senent ha querido destacar el “fuerte impacto emocional” que conlleva esta patología.

“Muchos pacientes sufren una necesidad difícilmente controlable de evacuar las heces, con la repercusión que esto tiene para su calidad de vida”, explica la autora en un comunicado que recoge la agencia EFE. Esta urgencia fecal, inducida por factores genéticos o ambientales, como la dieta o el estrés, suele desembocar también en causa frecuente de absentismo laboral.

El problema, dice Senent, puede aliviarse. Generalmente, los tratamientos estas encaminados a mejorar los síntomas, pero no tratan el problema base de alteración en la permeabilidad intestinal, advierte la experta; no obstante, “van surgiendo novedades terapéuticas que pueden ayudar a restablecer fisiológicamente la permeabilidad de la mucosa”, concluye.