Las isoflavonas son sustancias diferentes a los esteroides endógenos humanos con capacidad de unirse a receptores estrogénicos. Las más importantes son la genisteína y la daidzeína. Esta última, en función de la microbiota, puede desembocar en la formación de equol, el derivado más estrógenico, o en o-desmetilangolensina (O-DMA), que no presenta actividad estrogénica.

En el estudio, se analizaron las heces de 17 mujeres climatéricas que recibieron un suplemento diario rico en isoflavonas durante 6 meses. Se cuantificaron las isoflavonas genisteína y daidzeína, y sus metabolitos: dihidrodaidzeína y O-DMA; así como 39 compuestos fenólicos provenientes del metabolismo bacteriano intestinal (enterolactona, enterodiol, ácidos benzoicos, fenoles simples, ácidos cinámicos, ácidos fenilacéticos y fenilpropiónicos, ácidos mandélicos, valerolactonas y ácidos valéricos) y escatol, un metabolito microbiano que se considera perjudicial para la salud.

Otros estudios han demostrado los efectos de las isoflavonas de soja durante la menopausia. Sin embargo, es la primera vez que se analiza su impacto en la flora intestinal. Los resultados mostraron que “el tratamiento con isoflavonas de soja aumentó la excreción de derivados de los ácidos grasos de cadena corta acético y propiónico (en concreto, de los ácidos fenilacético y fenilpropiónico). Esto sugiere un incremento de los procesos fermentativos en el intestino, lo que se considera un efecto saludable y beneficioso”, aseguran los investigadores.