Este implante, creado para evitar las tradicionales otoplastias, ha sido desarrollado por Norbert Kang, un cirujano plástico del Hospital Royal Free de Londres que apostó por una técnica lo menos invasiva posible que acabara con las orejas prominentes. Su incursión en el mercado español está prevista para 2017.

Según el cirujano plástico Julio Terrén, antes de iniciar el tratamiento EarFold, se emplean unos simuladores para personalizar el tratamiento, una especie de vista previa de los resultados. Estos simuladores son iguales a los implantes, pero sin las púas que deben fijarse al cartílago para asegurar la sujeción.

Una de las ventajas del tratamiento es que no duele y la remodelación de la oreja dura unos minutos sin necesidad de anestesia general. El procedimiento es muy sencillo; cuando la anestesia local ha hecho efecto, se colocan los implantes debajo de la piel, de manera que el implante presiona al cartílago y lo adapta hasta reducir la prominencia.

El implante está realizado con el mismo material con el que se realizan los stents, una aleación de titanio y níquel, y está recubierto de oro de 24 quilates para que no se vea debajo de la piel. Además, es biocompatible, se ha probado en laboratorios y se han realizado muestras con pacientes durante unos años.