La limitación de tejido disponible en las partes blandas en el pie, el tobillo y el tercio distal de la pierna, ha hecho de los colgajos microquirúrgicos -como el sural de flujo reverso- una de las mejores opciones para abordar las lesiones en esta zona. Sin embargo, su aplicación requiere habilidades y equipamiento específicos, implica cirugías prolongadas y conlleva un riesgo de necrosis que muchos cirujanos consideran imprevisible. En este escenario, el Hospital Universitario Ramón y Cajal ha descrito una serie de modificaciones técnicas empleadas por su servicio de Cirugía Plástica para aumentar la viabilidad del colgajo sural de flujo reverso en la cobertura de grandes defectos del pie.

El artículo, publicado en Cirugía Plástica Ibero-Latinoamericana, recoge los casos de 4 pacientes (3 mujeres) de los cuales 3 habían sufrido avulsión cutánea por aplastamiento y otro resección por sarcoma. Todos ellos presentaban exposición ósea, articular y/o tendinosa y fueron tratados con colgajo sural de base distal de flujo reverso (2 colgajos fasciocutáneos y 2 adipofasciales); el menor de ellos de 7 x 17 centímetros y el mayor de 15 x 22 centímetros. Tal como indican los autores, las modificaciones técnicas para el levantamiento del colgajo fueron:

  1. Incisión de la fascia profunda entre 1,5 y 2 centímetros más ancha que la isla cutánea.
  2. Mantenimiento de la mayor anchura posible del componente adipofascial al tallar el pedículo a nivel supramaleolar.
  3. Al colocar el colgajo sobre el defecto, diferir la sutura del colgajo de 4 a 6 días y, mientras tanto, mantener el menor número posible de puntos.

“Es fundamental preservar la continuidad del mesenterio que conecta con la fascia profunda del colgajo”, matiza el jefe del servicio, Pablo Benito-Duque, respecto a la primera de las modificaciones técnicas. “Consideramos que la inclusión de este componente muscular puede estar especialmente indicada cuando el cirujano comienza a familiarizarse con la realización del colgajo, o cuando este se levanta en su máxima longitud; por lo que así lo hicimos en nuestros pacientes”, explica el especialista. El seguimiento postoperatorio medio se prolongó 60 meses, manteniendo el pie elevado durante la primera semana y evitando el apoyo del colgajo durante las 4 siguientes.

Todo ello, “permitió la reconstrucción satisfactoria de defectos extensos en el pie, tanto dorsales como plantares”; además, los 4 pacientes reanudaron la deambulación a las 4, 6, 8 y 10 semanas desde la intervención. “Este tipo de colgajo debe ser tenido en consideración para el tratamiento de coberturas extensas en el pie”, defiende Benito-Duque. “Debemos señalar que ninguno de los pacientes tenía factores de riesgo, en cuyo caso habríamos diferido el colgajo de forma convencional o habríamos recurrido a otra técnica reconstructiva”; sin embargo, “creemos que el tamaño de los defectos y la satisfactoria reconstrucción con este tipo de megacolgajo en el que aplicamos los cambios descritos, justifica la presentación de nuestra experiencia”.