La investigación indica que esta técnica puede ser útil para tratar diversas heridas, aunque “muestra mejores resultados en lesiones producidas en cara y cuello”. Los médicos hacen énfasis en la reducción de los efectos iatrogénicos sobre el área donante al propiciar una mejor cicatrización, y mantener la reserva de piel y músculo ante posibles recidivas. Las complicaciones son en general nulas o escasas, como también presenta este estudio, aunque en ocasiones el resultado puede verse comprometido por situaciones inherentes a la patología de base del paciente.

El estudio recoge un total de 35 pacientes con edades comprendidas entre los 17 y 86 años (media de 52 años), 12 mujeres (34%) y 23 varones (65,7%). Las áreas anatómicas más afectadas fueron la cara, con 20 casos (57,14%) y las extremidades superiores con 8 casos (22,86%). Con respecto al área de la cara, los sitios reparados corresponden a las siguientes regiones: periorbicular, nariz, comisuras labiales, mentón y preauricular.

En todos los se hizo un estudio del área donante con el fin de obtener un pedículo seguro en toda su extensión. Los médicos trazaron las islas de piel con un excedente de tejido celular subcutáneo de 1 a 2 cm, preferiblemente paralelo a las líneas de expresión en los casos que implicaban el área de la cara y con la idea de conseguir una mínima cicatriz, con una extensión aproximada a la del defecto.

Posteriormente, elevaron cada colgajo comenzando desde el extremo más distal, con técnica atraumática, y realizaron un túnel subcutáneo a través del cual se transfiere el colgajo. Para terminar, los expertos suturaron con puntos sueltos. En cuanto al sitio donante, en todos los casos se practicó un cierre primario del defecto previa y una adecuada disección de los bordes.