Según el jefe de la sección de Cirugía Plástica, Emilio García, aunque la realización simultánea de extirpación y reconstrucción tiene una complicación añadida porque exige la coordinación de 2 equipos quirúrgicos, supone para la paciente una mejor recuperación psicológica, ya que “no llega a verse amputada” y favorece la forma en que reciben sus tratamientos, además de evitar paso por el quirófano por segunda vez, con sus correspondientes bajas médicas y reingresos.

El DIEP es la técnica más novedosa de reconstrucción mamaria y en ella se emplea exclusivamente piel y grasa del abdomen, sin destruir músculo ni recurrir a materiales extraños para el cuerpo, como son los implantes mamarios. Se trata de crear un nuevo pecho lo más parecido posible a una mama natural, método más recomendado por los oncólogos, y para ello se trasplanta grasa y piel del abdomen de la paciente a la mama, junto con los vasos que la irrigan.

La microcirugía hace que estos vasos se unan a una arteria y una vena para que tenga vascularización propia. Ello permite remodelar una nueva mama que será muy parecida a la natural, con un color y tacto muy similares, de manera que se logra un resultado más satisfactorio, lo que contribuye a recuperar el equilibrio físico y psíquico tras la mastectomía.

Esta técnica, aparte de las ventajas estéticas que conlleva, resulta menos dolorosa, se evitan hernias y el uso de mallas sintéticas para reforzar la pared abdominal. Asimismo, la recuperación es mejor y más rápida y se evitan futuras reintervenciones, así como el riesgo de rechazos, ya que el tejido pertenece a la propia paciente.