Ethan M. Balk, autor principal del estudio, ha realizado una revisión sistemática sobre la inocuidad de estos implantes mamarios de gel que fueron retirados del mercado estadounidense en 1992 debido a “problemas de seguridad” y reintroducidos en 2006 bajo condición de una mejor vigilancia de los resultados clínicos.

El equipo de Balk ha revisado un total de 58 publicaciones que comparaban la salud de mujeres con y sin implantes de pecho. Para ello se tuvieron en cuenta los siguientes criterios: aparición de cáncer, y enfermedades autoinmunes, neurológicas y reumatológicas, estado de los tejidos conectivos, problemas reproductivos o que afectasen a la descendencia, dificultades en la lactancia y problemas de salud mental, tales como la depresión o la tendencia al suicidio.

Los datos hallados no sugerían ninguna frecuencia específica de enfermedad en mujeres con implantes. Aunque algunos textos si relacionaban el uso de estos geles con riesgo de cáncer de pulmón, artritis reumatoide y los síndromes de Sjögren y Raynaud, las evidencias eran “limitadas o inexistentes”.

Por el contrario, este tipo de prótesis se asociaron con un menor riesgo de cáncer de mama y cáncer de endometrio. Balk ha admitido que, ante la falta de pruebas concluyentes lo más sensato para la salud de la mujer sería llevar a cabo nuevos estudios más extensos.