El estudio señala que debe evitarse que el tejido graso contenga aceites y sangre para que el prendimiento de la misma sea el esperado. Es importante corroborar la buena irrigación del área receptora para que favorezca la permanencia y neoformación de vasos en el tejido graso. La inyección de grasa logra modificar la textura de la piel y proporciona el relleno de la cara dando juventud al rostro.

Este método disminuye el empleo de sustancias abrasivas que irritan la piel y prolongan el postoperatorio. Su permanencia en la zona inyectada es más duradera que la de otros métodos inyectables. Evita grandes despegamientos y resecciones que en muchos casos modifican los rasgos del paciente. Con la asociación de ambas técnicas el cambio que experimenta el paciente en el modelado del contorno facial es excelente. El texto subraya que en todos los casos en que se efectuó el injerto de grasa se ha constatado la inocuidad del método.

Los expertos indican que no ha aparecido complicación alguna en ningún paciente hasta la fecha. La investigación describe que para la extracción de la grasa debe elegirse un área donante que contenga el suficiente tejido grasa pudiendo mencionar como ejemplo: el abdomen, zona trocantérea y cara interna de muslos. La vía de entrada dependerá del área receptora. La más frecuente es el comienzo del ala nasal para tratar los surcos nasogenianos, malares y la región preparotidea.