Samira tenía neurofibromatosis en la cara, lo que suponía un crecimiento desmesurado de tejido a lo largo de los nervios que habían hecho que se le deformara el lado derecho de la cara. Para reconstruir el rostro, ha sido necesario un año de tratamiento en el que la paciente fue sometida a 3 intervenciones.

En junio de 2015 fue operada por primera vez para extirparla parte del neurofibroblastoma. En octubre volvió a ser intervenida para quitarle el resto. El pasado mes de abril, Samira volvió al quirófano por última vez para terminar de colocarle la zona del ojo y ponerle una prótesis ocular que le diera un mejor aspecto.

Cavadas explicó ante los medios de comunicación que esta patología solo tenía solución mediante cirugía reconstructiva. También quiso recalcar que había sido todo un ejemplo de cooperación realizado por profesionales dispuestos a mejorar las cosas y con gran empeño e implicación.

La enfermedad de Samira había pasado a tener grades implicaciones psicológicas dado el rechazo que sufría en Marruecos. Ahora, esta mujer está dispuesta a emprender una nueva vida con ganas de sonreír gracias a las ayudas recogidas por la Fundación ADRA y las partes implicadas en esta iniciativa solidaria.

Un proyecto altruista

Este caso de cooperación internacional, en el que han colaborado también el Centro Cultural Islámico de Valencia y la ONG Fundación Adra, además del Hospital de Manises, han financiado el viaje de Samira a Valencia, le ayudaron a arreglar la documentación y a buscar opciones de tratamiento.

El doctor Emilio Luis Matute, director quirúrgico del hospital, hizo hincapié en la labor altruista del doctor Cavadas. Después de este primer paso, el hospital decidió asumir el coste de las responsabilidades, la hospitalización y el tratamiento porque consideraban “fundamental dar apoyo y respuesta a la situación en la que se encontraba la paciente”.